Jueves, 14 de diciembre de 2017

Asesinando verdes

En el último informe que ha presentado la ONG Global Witness, titulado “En terreno peligroso”, se pone de manifiesto que defender la Tierra y sus recursos, frente a empresas destructivas, puede costarte, literalmente, la vida. Estas corporaciones, utilizan sus recursos económicos para comprar voluntades, sicarios y, en el más suave de los casos, manipulan a la opinión pública para presentar a los guardianes del medio ambiente como peligrosos delicuentes que están contra el desarrollo y progreso del país, o la región sobre la que han puesto sus codiciosos ojos. Es cierto que, los asesinatos, de momento, únicamente han ocurrido en países de los llamados “en vías de desarrollo”, pero conviene no perderlo de vista, pues las formas mafiosas sí que están a la orden del día en nuestra civilizada Europa: un caso reciente lo tenemos con la empresa minera Berkeley, que pretende reabrir la mina de uranio situada en Retortillo y Villavieja de Yeltes, en el Oeste salmantino.

Quizá es que no esperaba el total repudio de los habitantes de la comarca, pese a las promesas de puestos de trabajo, reactivación de la economía y la vida en un paraiso por ellos preparado. Viendo el rechazo provocado, pese a tener a todas las instituciones de su parte, algunas de las cuales han sido denunciadas por recibir dinero para facilitar las cosas [http://bit.ly/291Gbqs]. Pero, viendo que, a pesar de todo, los vecinos seguían sin darles el plácet, han apuntado a dos de los miembros de Stop Uranio, Jesús Cruz y José Ramón Berrueco, acusándolos de injurías y calumnías, por lo que les reclama medio millón de euros, en concepto de daños y perjuicios.

Una lucha, la de defensa del medio ambiente, que empieza a convertirse en una defensa por los derechos humanos. Ante la creciente demanda de determinados productos: minerales de todo tipo, maderas nobles o aceite de palma, entre otros, estas empresas, que bien pueden ser llamados “presuntos delincuentes”, pretenden obviar a la gente que en dichos terrenos vive. Billy Kyte, encargado de las campañas de Global Witness, afirma en el informe: “cada vez es más común que las comunidades que toman cartas en el asunto se encuentren en el punto de mira de la seguridad privada de las empresas, las fuerzas estatales y un mercado floreciente de asesinos a sueldo. Por cada asesinato que documentamos, hay muchos otros que no se denuncian”.

Otra afirmación que se puede leer en el informe es que, “los asesinatos que ocurren en aldeas mineras remotas, o en el corazón de selvas tropicales, y quedan impunes, son fruto de las decisiones que toman consumidores de la otra punta del mundo. Las empresas y los inversores deben cortar sus vínculos con aquellos proyectos que pisotean los derechos que tienen las comunidades sobre su tierra. El calentamiento climático y el crecimiento de la población implican que habrá un aumento de la demanda de tierra y recursos naturales. Sin una intervención urgente, el número de muertes que estamos observando actualmente se considerará una minucia en comparación con las que están por venir». Estamos hablando de 3 asesinatos semanales por defender los recursos naturales de nuestro planeta, metidos como estamos en un acelerado cambio climático, y otros muchos problemas ambientales que ya tenemos, así que proteger a los defensores de la tierra y el medio ambiente es vital, no solo por una cuestión de justicia y derechos humanos fundamentales, sino por nuestra supervivencia colectiva… por mucho dinero que quieran ganar algunos.