Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Los nadies que nunca nada

“Sueñan las pulgas con comprarse un perro / y sueñan los nadies con salir de pobres”. Así comienza uno de los textos más brutales, descarnados y sentidos de Eduardo Galeano. Un microcuento que es pura poesía en el que los protagonistas son los que ni siquiera tienen un papel de reparto en la historia de la humanidad a pesar de escribirla con su sudor, su sangre, sus lágrimas y sus manos encallecidas. “Que no tienen cara, sino brazos. / Que no tienen nombre, sino número. / Que no figuran en la historia universal, / sino en la crónica roja de la prensa local”.

Y es que no he podido menos que acudir a esta joya que el poeta uruguayo incluyó, en 1989, en “El libro de los abrazos” cuando he leído en Facebook  la expresión que da título a este artículo: “Los nadies que nunca nada”. El autor es otro poeta, de apellido Vázquez y nacionalidad española –aunque rompiese su DNI en señal de protesta por las muertes de El Tarajal y la política migratoria del actual gobierno en funciones-. Miguel Ángel Vázquez es, además de poeta, periodista y candidato al Congreso de los Diputados. Es el presidente del partido Mundo más justo (M+J). Es católico comprometido y va como número 13 en la lista que presenta Unidos Podemos por Madrid. “Tenemos que asaltar los cielos, sí, pero con los pies manchados del barro de los extrarradios” dijo el otro día en la Cañada Real, el poblado chabolista más grande de Europa ubicado a 14 kilómetros de la Puerta del Sol. Porque Miguel Ángel Vázquez tiene un compromiso real con “los nadies que nunca nada”. Y no sólo ha sido el único político en ir a hacer campaña a este inmenso poblado de infraviviendas, es que él comparte su vida con las personas que allí viven.

En las elecciones europeas el partido Mundo más justo (M+J) fue en coalición con Equo y consiguió un escaño. Así fue como el poeta del megáfono, Miguel Ángel Vázquez, llevó hasta el Parlamento de Bruselas a Alhagie Yerro, un inmigrante gambiano que denunció ante sus señorías europeísimas la injusta e infame situación que se vive en los CIEs (Centros de Internamiento de Extranjeros). También acompañó hasta el mismo lugar a Valica Costea, una niña gitana de diez años que contó en la Eurocámara cómo era su vida sin escuela y rodeada de ratas en El Gallinero, uno de los barrios chabolistas que jalonan la Cañada Real Galiana, en Madrid, sí. A la misma distancia del centro que las cuatro torres de Florentino.

“Que los que nunca nadie nada ganen algún día”, escribía Miguel Ángel en su muro de la red social pensando en las elecciones de hoy, 26 de junio. Y casi de forma automática le contesté: “Los que nunca nadie nada son, para los que creemos en Jesús, los que siempre todos todo”.

Y en mi corazón volvían a resonar las palabras de Galeano y sus abrazos encuadernados:

 “Los nadies: los hijos de nadie, / Los dueños de nada. / Los nadies: los ningunos, los ninguneados, / Corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, / rejodidos”.

“Pues eso (pues por eso)” , apuntaba el candidato de los pobres, los últimos, los nadies al Parlamento español. Por si quedaba alguna duda, mi voto es para él. Por justicia, por coherencia y por mi fe.