Jueves, 14 de diciembre de 2017

Tiempo de acuerdos

Cuando escribo estas letras, acabo de recibir una gran noticia esperada y largamente deseada: la firma del acuerdo entre la guerrilla de las FARC y el gobierno colombiano. No se veía otro modo de salida para este largo y duro enfrentamiento entre esas dos fuerzas durante tanto tiempo combatientes y causantes de numerosos secuestros y asesinatos. Bienvenido sea este acurdo alcanzado, por fin, en la querida república colombiana.

En España, nos encontramos ahora en una dificilísima situación, que no nos permitió conseguir un acuerdo para llevar a cabo el gobierno esperado en diciembre, y fue preciso recurrir a unas nuevas elecciones. Pero eso no ha sido una solución automática a la situación de división, con duras posiciones cerradas por parte de nuestros partidos políticos. Y los sondeos realizados hasta ahora, parece que no favorecen el llegar, después de las nuevas elecciones, a los acuerdos necesarios para poner en marcha un nuevo gobierno viable.

Parece que los votos, y lo que es más importante, los escaños que pueden conseguir los cuatro mayores partidos en liza van a ser semejantes a los conseguidos en las anteriores elecciones. Y las posturas de esos partidos, en cuanto a plantearse acuerdos con los otros partidos, son exactamente las mismas. Por tanto, siguiendo esta lógica, nos encontraremos en una completa imposibilidad de llegar a acuerdos suficientes para gobernar. Y si no hay cambio en las actitudes, nos llevarían irremediablemente a unas terceras elecciones generales.

El que más apuesta por los necesarios acuerdos entre partidos es el partido de Ciudadanos. Aunque, en la práctica, poniendo tantas condiciones como pone, especialmente frente al partido del presidente en funciones Mariano Rajoy, hacen imposible el necesario acuerdo con el partido popular si, como parece, consigue el mayor número de diputados en el Congreso de España.

Parece que el partido que va a tener la llave para formar o permitir que otros formen gobierno es el partido socialista, particularmente si pierde el segundo puesto en cuanto a escaños congresuales conseguidos, con la posibilidad de que la coalición Unidos –podemos llegue a ocupar el segundo lugar. En ese caso, los socialistas tendrían que decidirse por dar el apoyo a esta última coalición o al partido popular. O quizá podría gobernar el partido socialista con el apoyo de Ciudadanos y la abstención del partido Popular, lo cual parece bastante improbable, porque los populares no parecen estar dispuestos a favorecer un gobierno de los segundos o terceros en conseguir votos en el parlamento.

Lo que hay es lo que hay. O gobierna una coalición de radicales de izquiedas, con apoyo de socialistas o ciudadanos o los dos, o un gobierno socialista más moderado con el apoyo de ciudadanos y las abstenciones de Unidos podemos y de el PP. Difícil. O podría continuar un gobierno de derecha moderada con Mariano Rajoy al frente, con el apoyo de Ciudadanos, que no parece el caso, y la abstención de los socialistas, a lo cual tampoco parecen estar dispuestos.

El ideal sería, y Mariano Rajoy lo pone de relieve y está dispuesto a intentarlo de nuevo, formar un gobierno de concentración del PP y el partido Socialista, poniendo ambos las condiciones que crean necesarias, pero haciendo un esfuerzo sobrehumano para conseguir un gobierno de mínimos, por ejemplo, en cuestiones sociales y, sobre todo, en los necesarios acuerdos de Estado sobre la ley de sucesión en la Corona, la común Ley de Educación, la ley de elecciones, el posible nuevo encaje de Cataluña en el conjunto de España, etc., etc., que requieren el acuerdo de los dos mayores partidos, al menos, para conseguir los tres quintos necesarios para reformar la Constitución y llegar a la necesaria disolución de las Cortes y a poner en marcha unas nuevas elecciones con el consiguiente nuevo Gobierno.

En estos momentos claves de nuestra sociedad y nuestro país, el pluralismo del que estamos constituidos parece exigir acuerdos generosos e inteligentes para seguir adelante en nuestro desarrollo humano, económico, social y democrático. Y le pide a los dirigentes políticos que sean valientes y dejen de lado los intereses particulares y de partido para conseguir un acuerdo de consenso suficiente para poder seguir caminando juntos y construyendo una patria común en la que todos tengamos lugar y podamos conseguir para la generalidad de convecinos las elementales y mínimas necesidades que protege nuestra Constitución y exigen las modernas sociedades que cuentan con el necesario desarrollo en los derechos básicos.

Dios quiera que nuestros políticos estén a la altura que requiere un país de la categoría y desarrollo democrático como el nuestro. Lo necesitamos nosotros, y no vendría mal para contribuir al avance en la constitución política de la gran Europa, que tanto estamos necesitando.