Domingo, 17 de diciembre de 2017

Nada salvo la rapiña pura y dura...

Nunca un pobre ha sacado de la pobreza a otro pobre, salvo que le toque la lotería o encuentre una mina de oro, u opte por dedicarse a actividades ilegales. Para poder luchar contra la pobreza hay que disponer de recursos, ser rico, o ser misericordioso o compasivo. Ser consciente de las necesidades del prójimo.

No son mejores los pobres que los ricos. Ni tienen una predisposición igual o superior para mejorar el mundo que les rodea. Hay ricos buenos y malos como hay pobres generosos y ruines. La riqueza no es mala ni es buena es una gran herramienta cuando se emplea en ayudar a los demás.

El mal llamado progresismo de izquierda, entre otros, siempre se ha apropiado del derecho a despojar al que tiene para repartirlo entre los demás, y ¿después qué hacemos? ¿Más de lo mismo y a quién? Es muy fácil vivir de un populismo vacío de contenido, y presentarse como adalid de los pobres o desfavorecidos para que les voten, repartir la pobreza y conseguir así una mayor masa de votantes.

La solución no es esa creando pobreza no se crea riqueza. La riqueza se crea si las personas se levantan cada mañana pensando en ¿qué puedo hacer para mejorar mi vida? sin tener que robárselo a otro. Al final la suma hace que la sociedad sea mejor.

En España tenemos un panorama muy cercano al absurdo, nada es lo que parece y nadie juega el papel que le corresponde en todos los niveles sociales. Llevamos aguantando ya pronto el llamado “decenio de los irresponsables” sin que nadie haga nada para remediarlo. No es corrupción es la irresponsabilidad de la sociedad la que nos ha llevado donde estamos.

La proliferación de listillos, de liantes, de tontos útiles, de comparsas de cofradía, etc. Personas ellas al final huecas y con pocas ganas de trabajar que se venden al que les echa un poco de alpiste, acompañado de un falso progresismo barnizado de buenismo han hecho que nos hagan tragar con la zafiedad y la mugre que campea por todas partes y a todos los niveles.

Zafiedad moral y material con la que algunos se les ve encantados aunque no sepan a donde van. El retroceso intelectual y de la influencia de las personas con sentido común, es decir, las razonables, que razonan, verdaderamente cultas ha hecho que campen los incautos bien intencionados mostrando una indignación precocinada que no es la real.

Parece que los valores se pueden comprar en los centros comerciales. Se ha perdido la visión común de país, que no es más que la de la idea de Patria. Se infantilizan un día si y otro también los grandes hechos y hazañas de nuestra historia, como si gobernar un país hubiera sido un juego de la videoconsola. Personas que no saben gobernar su casa ni sus cuentas, que menos se atreven a ser presidentes ni de su comunidad de escalera se atreven a juzgar la historia y lo que ha hecho España a través de los siglos, sin pensar si quiera que no existía internet ni los teléfonos móviles. Que cuando un barco zarpaba quedaba cortada toda comunicación y que la misión se cumplía o no dependiendo de la cuadratura de los atributos de los tripulantes o soldados...

En pocas palabras despreciados todos los valores que nos podían quedar, ni siquiera se ha impuesto una visión de altura, la toma de conciencia del momento en que vivimos, ni una cierta preocupación por el futuro. Tan sólo una ignorancia reconducida por unos pocos que van de listos sin nada en las alforjas. Inmersos en el absurdo vamos camino de un caldo de cultivo de ambiciones mezquinas y sórdidas. Una nueva ocasión para medrar en la que no se ofrece nada salvo la rapiña pura y dura.

España siempre ha sido una gran nación, construida día a día por una raza de personas duras, impávidas y creativas; bastaría con abandonar la realidad virtual en la que nos tienen sumergidos y desenmascarar a quienes intentan destruir nuestra cultura y nuestra convivencia en paz.