Sábado, 16 de diciembre de 2017

Luces, vanguardias, conductas humanas

El festival de luz y vanguardias celebrado este fin de semana en Salamanca ha tenido algunos momentos o programas de una gran calidad artística ( como el ubicado en la Plaza de Anaya), otros interesantes ( muchos de los proyectados en la Plaza Mayor) y otros simplemente curiosos. Buen balance para un festival.

Algunos hemos disfrutado, como hacía mucho no lo hacíamos en un espectáculo al aire libre, de la belleza vanguardista de esa creación envolvente de toda la hermosa plaza de Anaya; esa creación que tocaba por una parte con el concepto de espacio y universo de las actuales teorías de la física, con los efectos especiales de las imágenes del cosmos y los viajes interplanetarios cinematográficos o simplemente con la belleza de los colores, los ritmos y sus combinaciones.

A la vez, como ocurre en los espectáculos públicos, el espectáculo es una ocasión de análisis de las conductas más típicas de una población; en este caso, la salmantina. La multitud que se acercaba a ver la creación de la plaza de Anaya (la más delicada) era heterogénea en muchos sentidos. Desgraciadamente  el observador advierte que el grupo más numeroso es aquel con una falta de cultura y sensibilidad tan grande que no solo no disfruta ante lo nuevo, sino que entorpece el disfrute de los demás: gritan, hablan en voz alta, no ponen límites a sus inestables e hiperactivos niños, se van o se mueven ruidosamente por un marco incomparable lleno todo él de una atmósfera visual y acústica que envuelve al espectador. Un segundo grupo de esa multitud lo constituyen los que no aprecian lo nuevo, les desconcierta demasiado,  sus emociones no vibran ante lo bello, pero guardan un silencio prudente y respetuoso. Este segundo grupo existe en todas las ciudades del mundo.

Y, por fin está ese tercer grupo (¿un tercio del total?) que se sienta en una inteligente actitud receptiva y silenciosa, captando desde el principio que es esa la actitud  que exige el fenómeno artístico que tiene ante sus ojos.

Son los tres tipos de grupos que seguramente componen la población salmantina, no complementariamente, sino en una yuxtaposición chirriante; sobre todo, la diferencia entre el primer grupo descrito, ruidoso, inculto, atrevido en su ignorancia y el tercero, siempre interesado por la cultura y el arte es tan abismal, que no parece posible una mínima comunicación entre ellos. La población salmantina actual muestra que lo que más diferencia a los seres humanos no son las diferencias de riquezas, de posesión económica (que sí los diferencia, en muchos aspectos de la vida radicalmente), sino, aún más, las diferencias de nivel cultural, de nivel de socialización, de educación cívica.

Quizás  esa división de grupos exista en la totalidad de la población española en su conjunto, y quizás incluso esos tres grupos sean el reflejo de esas “tres Españas”, que están en la base de los cuatro partidos políticos en pugna el próximo domingo.

Hipótesis que los sociólogos y politólogos podrían confirmar o rechazar.