Lunes, 18 de diciembre de 2017

El drama de los refugiados desde la sensibilidad de Alencart y Miguel Elías

Poeta y pintor, ambos profesores de la Universidad de Salamanca, plasman su inequívoca postura sobre este tema

Tres textos del reconocido poeta peruano-salmantino, descendiente de inmigrantes españoles y brasileños, sirven para recordarnos el drama actual y de todos los tiempos: hombres cruzando fronteras, huyendo de guerras, hambres o persecuciones políticas y religiosas. A ellos se suman cuatro dibujos y pinturas del notable pintor Miguel Elías.

CAMPO DE REFUGIADOS

 

 

Y estos niños
¿qué combates perdieron
sin haberlos provocado?

 

Mujeres que solo esperan
para enterrar a sus
criaturas.

 

Pues yo miraba ancianos
entre el polvo
o el barro de esos laberintos,

 

hombres enfermos
que ya ni cuentan lo que
han vivido.

 

Otra vez la gente
agolpándose en el centro
de mi corazón,

 

otra vez la humanidad
sin entonar su
mea culpa.

¿A CARA O CRUZ LA VIDA?

 

¿Quién se intimida

ante una alambrada

más endeble

que el hambre?

 

¿Quién se apiada

ante el lagrimeo al rojo vivo

del que debió salir

como última opción?

 

¿A cara o cruz

la vida?

 

EL VIAJE

 

Sé que en este viaje llevas el corazón hecho pedazos

y sé que vas diciendo

que ningún obstáculo te impedirá llegar a tu destino.

 

Un rayo ardiendo en la noche

para sacar brillo al faro de tu necesidad. Yo sé

que ahora dudas del inmenso ojo de la vida,

¡así, con tu puño lleno de hojas secas!, ¡así, con una rama

haciéndose ceniza!, ¡así, blasfemando hasta que

se te calienta el cráneo!

 

El pecho jadeante de la espera, lejos de varitas mágicas,

cerca del sudor fronterizo con signos de impiedad.

Gritas: “¡Abridme, aunque no tengáis

simpatías por mi llanto!”.

 

Sé que estás saliendo con una linterna sin bombilla

y sé que no te laceran las amonestaciones,

los vehementes reparos, el polvo que acumulas en tu

rostro. ¡Cuánto

padecer por lejanías! ¡Y qué del desgarro

por ir tras endebles o apetecibles trofeos!

 

Como un hombre enceguecido

esperas múltiples crucifixiones: allí, allí, allí…

Y gritas: “¡Dejadme un abrevadero donde mis labios

sacien su sed!”.

 

Sé que en este viaje llevas el corazón hecho pedazos.

  • Alfredo Pérez Alencart y Miguel Elías (foto de José Amador Martín)