Miércoles, 13 de diciembre de 2017

La milonga de los votos

Una semana. Queda únicamente una semana para que una segunda oportunidad inmerecida  se convierta en gobierno. Un gobierno que por el este o el oeste tiene que nacer si o si del consenso, el dialogo o la confluencia de intereses.

Parece que habrá adelantamiento, permítanme que huya del cursi “anguitismo” ochentero importado de nuestros vecinos mediterráneos. Así que Iglesias se ha puesto elegante. Se ha enfundado la corbata, aunque con ella  tenga más pinta de llevar diez horas de boda que de un venerable presidenciable.

También se barrunta victoria popular. Y se intuye, así en general,  un escenario similar al de navidades. Aunque me cascabelea que los papeles de la obra no van a estar repartidos de la misma manera.

Pero no es cuestión de adelantar acontecimientos, que luego llega el 30% de indecisos y la lía parda.

Entre tanto hay algo que me rechina. Y es una dicotomía tramposa que se viene utilizando sin rubor alguno. Y es eso de diferenciar entre votos y escaños según interese. Y aquí el Partido Popular ha ido un pasó más allá incluyendo en su discurso del yo o el caos, eso de que gobierne quien gana.  Hasta la bailonga vicepresidenta en su paseo charruno se descolgó con  que la democracia sería mejor si se dejase gobernar al más votado.

Que digo yo que aquí en España la cosa no va de eso, va de sumas y escaños. El que más tiene gobierna.  Eso es democracia, al menos la nuestra.

La ética del respeto y la caballerosidad inglesa  nos hablarían de favorecer el gobierno del ganador. La buena lid tendría en dejar pasar primero al vencedor su máxima expresión, pero creo que andamos lejos de eso. Porque el uso,  la ley y la norma nos dice otra cosa. Creo que nada ha cambiado desde el 78 para plantear hidalga falacia en un mundo político regido por todo lo contrario.

No se trata de dejar que gobiernes, se trata de trabajarse el  gobierno. Y hoy en día no basta con lo que hasta ahora era suficiente, concitar el apoyo del respetable. Además hay que trabajar el consenso, el acuerdo con el resto de fuerzas. Poner la política a trabajar dentro y fuera como concepto imprescindible, básico y atemporal.

Me da la impresión de que se está intentando imponer un discurso tan erróneo como maquiavélico que obvia de parte que nuestro sistema electora injusto y malo, responde a cierta ética y no a la matemática.

Y tecleo yo que de poco sirvió ser el más votado  hace unos meses. Porque cuando tocó intentar formar  gobierno, reunir consensos. Rajoy dijo no, espero al fallo del contrario y que de nuevo a la s urnas.

Así que el mantra de dejar gobernar a quien gana, no es más que un argumento  pobre y adulterado. Una “facilonada” peligrosa e interesada destinada a dotar de un falso sentido común a algo perfectamente reglado.

La democracia no debería estar peligro por buscar consensos aunque uno no haya ganado en votos o escaños. Joroba, fastidia, escuece, si. Pero no entender que esto pasa, es vender una realidad distinta. Es trilear con unas reglas del juego que dominan perfectamente y que ahí siguen. Porque no les ha salido de sus santas posaderas darlas una vuelta y hacerlas más precisas y equitativas.  

Por lo tanto, mientras en este país liderar en votos no suponga formar gobierno,  la cosa irá de sumas parlamentarias que no saben de primeros, segundos o mediopensionistas.

 

La democracia no es más que el gobierno de las masas. Donde el 51% de la gente puede lanzar por la borda los derechos del otro 49%”. Thomas Jefferson