Lunes, 18 de diciembre de 2017

¡Despertad, despertad, malditos! (*)

Estamos inmersos en una crisis medioambiental sin precedentes; asomándonos al abismo, porque nuestro planeta no puede soportar el ritmo que hemos impuesto para conseguir un bienestar relativo, exclusivo para una parte de los habitantes de la Tierra. No podemos pretender seguir con este nivel de desarrollo sin darnos cuenta que, únicamente, saldremos de esta crisis, que realmente debería ser llamada “gran estafa mundial”, con un modelo económico sostenible, es decir, una economía basada en un bajo consumo de carbono, donde se empleen menos recursos y se proteja a nuestra madre Naturaleza.

Queda mucho camino por recorrer. Y lo más difícil de todo es cambiar la mentalidad de la sociedad. Estamos acostumbrados a desechar, tirar, desperdiciar, lo que ya no necesitamos. Un ejemplo: cada español genera diariamente, de media, un kilo y tres cuartos de residuos, que podrían ser reducidos fácilmente cuando nos planteáramos consumir mejor, sea con productos a granel, o con menos envases. Pero, obligados por el propio sistema, no nos planteamos que, aunque nos sea más fácíl, o cómodo, o rápido, coger lo que necesitamos en bandejas de poliestireno expandido, el conocido poliespán, es más beneficioso para todos no gastar tanto envoltorio y, pese a que tengamos que aguantar unos minutos de cola, evitar llenar los basureros de tantos desperdicios de envases.

Un camino que sigue el mundo hacia economías sostenibles, donde el respeto a la anturaleza ya empieza a convertirse en básica, en la que el mundo laboral también se transformará, dando paso a la llamada “economía verde”, es decir, una eonomía basada en aquellas actividades relacionadas directamente con el medio ambiente. Entre estas actividades se encuentran el tratamiento y la depuración de aguas residuales, la gestión y tratamiento de residuos, la producción de energías renovables (siempre que los sucesivos gobiernos de turno olviden sus futuros puestos en las grandes empresas energéticas), la educación y la formación ambiental, la gestión de zonas forestales, la gestión de espacios protegidos, la agricultura y ganadería ecológica, el control y prevención de las diversas contaminaciones (hídricas, atmosféricas, lumínicas, etc.), la gestión del agua o el ecoturismo, entre las muchas ramas que podemos considerar “ecológicas” y, por lo tanto, enmarcadas en esta economía verde.

Otras columnas las baso, aún conociendo el tema directamente, por mi curiosidad innata hacia todos los temas que afectan al planeta (y a todos los multiversos), en noticias que me llaman la atención; conversaciones mantenidas con detractores o partidarios del tema tratado…, pero, en este caso concreto, me atañe directamente, pues mi experiencia laboral siempre ha estado relacionada con el medio ambiente (incluída la actual impartición de clases de Geografía): desde vigilancia y asesoramiento en Espacios Protegidos, pasando por trabajar en la caracterización y control de zonas hídricas, hasta el estudio del ciclo integral del agua (toma de muestras en embalses; análisis químico de aguas en origen; aguas tratadas para consumo, aguas residuales y subproductos). Soy optimista, siempre lo soy, y creo que lo mejor está por venir… y llegará.

(*) Danzad, danzad, malditos. Sydney Pollack, 1969: Estados Unidos, en plena época de la Gran Depresión, en medio de un ambiente de terrible miseria, gentes desesperadas, de toda edad y condición, se apuntan a una maratón de baile con la esperanza de ganar el premio final, de 1500 dólares de plata y encontrar, al menos, un sitio donde dormir y comer. Mientras los concursantes fuerzan los límites de su resistencia física y psíquica, una multitud morbosa se divierte contemplando su sufrimiento durante días.