Domingo, 17 de diciembre de 2017

No todos son iguales

Casi lo consiguen. Y eso que ya ni me acuerdo del tiempo que hace que no compro un periódico. Únicamente veo las portadas en una aplicación del móvil cuando desayuno solo, que cada vez es más raro. Han estado a un tris. Y eso que los informativos de la tele me pillan a deshora y sólo consumo noticias en tono de humor para no hacerme mala sangre. A esto han estado, los muy canallas, a un pelo. Y eso que en la moto no escucho la radio y no consumo tertulias. Pero claro, las redes sociales y el wasá son incontrolables. Por ahí entran fotos, vídeos, enlaces, basura variada que las más de las veces no sabes como eliminar definitivamente de carpetas, nubes y espacios recónditos del mundo virtual. Y claro, por mucho empeño que pongas, acabas encontrándote con la dichosa teoría que tanto interesa a los que les interesa que te interese: “Todos los políticos son iguales”. Y sí, lo confieso, he estado a un milímetro de caer en la trampa. De creérmelo. De comerme con patatas esta milonga de los que cortan el bacalao, de los dueños del sistema, de los que han desplegado toda su fuerza mediática para hacernos creer que da lo mismo votar a unos que a otros. Y no. Nada que ver. No todos son iguales.

Porque, aunque en nuestro país no podamos votar a personas y tengamos que apechugar votando a unas siglas, ni siquiera estas son iguales. Y no, no me vale la excusa de que votar a esos partidos pequeños como el SAIN o el M+J (Mundo más Justo) es tirar el voto o dárselo a los cretinos del IBEX 35 dueños de los medios de comunicación que financian a los grupos políticos con opciones de gobierno. No, no y no. Me niego. Porque eso es lo que quieren que pensemos. Porque no quieren ni imaginarse que nos pasemos el rollo del “voto útil” por el arco del triunfo y se nos quiten los complejos. Que cada vez seamos más los que demos nuestra confianza a esos pequeños partidos que proponen la revolución de la fraternidad, un mundo más justo, la globalización de la felicidad. En el que las personas tengan los mismos derechos sin importar dónde hayan nacido, en el que la ambición de riqueza, poder y prestigio sean tan ridículos como una tarjeta de crédito en la selva amazónica.

No todos son iguales. El 26 de junio les pienso votar.