Domingo, 17 de diciembre de 2017
Alba de Tormes al día

Alfarería albense, filigrana hecha arte

ALBA DE TORMES | Modeladas en barro, con la peculiar belleza de los dibujos decorativos y el brillante acabado de las piezas

El barro es la seña de identidad de Alba de Tormes a través de generaciones de artesanos

“El alfarero, en su obrador, hacía girar el torno amparado por un peto de fábrica y sus manos ahormaban el barro haciéndolo subir, mimando formas, hasta encerrar el aire en una cántara bellísima…”. Vicente Sánchez Pablos es el autor de estas palabras y de una idea que hace más de cuatro décadas saltó del boceto para que los alfareros de Alba de Tormes le dieran forma, el botijo de toro. Una pieza idónea para iniciar una andadura por la historia de la alfarería y la cerámica en la villa ducal.

El barro es, sin duda, seña de identidad de Alba de Tormes. Barro que han moldeado, con maestría, alfareros y ceramistas durante generaciones. Cazuelas, botijos, tinajas, barreños, platos, pucheros o purriancho, cántaros, jarras, orinales, barriles, han salido de sus alfares, decorados con greda (arcilla de color rojizo) y juaguete (color blanco), y con la exclusiva filigrana que consiste en enasar vasijas: una superposición escalonada de asas entre las que se intercalan pequeños motivos, adornos, figuritas…

Historia escrita con aguamanil

Luciano Hernández es parte de un legado artesanal que tiene la arcilla como soporte común y que, a lo largo de los años y fruto de la pasión por un oficio, ha sido maestro en la especialidad de Cerámica Artística. En este tiempo ha atesorado y custodiado la historia de Alba de Tormes hasta ser reconocida cuna de alfares, ya que es una zona que “tiene hasta cuatro tipos de materia prima diferente. Dos sirven para la elaboración de la pasta cerámica, la arcilla fuerte y la pizarrilla floja; y luego, para la decoración de las piezas los engobes naturales (greda y juaguete)”. “El ingenio, la experiencia y la observación para saber cuándo y cómo utilizar cada uno ha enriquecido la labor del artesano”, subraya.

Una colección de piezas que recorren la historia del barro que, durante siglos, se ha extraído, amasado y torneado en Alba de Tormes. Historia que se escribe no con pluma, sino con aguamanil, un pequeño recipiente similar a una regadera, de latón cilíndrico, con un pitorro de forma cónica. Piezas para el consumo y conservación de alimentos (sopera, batidera…); para el transporte y consumo de líquidos (barriles, cántaros…); cacharros para el fuego (pucheros…). No faltan, por supuesto, piezas que hoy vemos como curiosas pero que en su momento eran de lo más prácticas, como los asadores de castañas o calbochero o el calorífero, a las nuevas formas de la arcilla para moldear novedosas piezas, como el botijo de toro o el toro figurativo con el característico bañado en manganeso para obtener el color negro (una decoración, por cierto, casi perdida) o piezas de cerámica artística, aunando los conceptos de utilitario, pictórico y escultórico. No faltan las piezas ornamentales como el barril de torre, pavo real o filigrana, inspirada en la decoración con asas del barril de pitorro.

Aunque la alfarería ha sido fundamentalmente práctica hasta que fue perdiendo terreno en aras de la decoración, la peculiar belleza de los dibujos decorativos (piezas bañadas en juaguete con dibujos en greda, o viceversa) y el brillante acabado de las piezas han hecho famosa la cacharrería de barro de Alba de Tormes.

La hasta ahora más completa exposición sobre el trabajo de los alfareros, Alfarería Albense: Tradición, historia y futuro, organizada por el Ayuntamiento de la villa dentro de los actos con motivo del V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús, logró reunir más de 200 piezas, mostrando la obra de 30 alfareros y ceramistas.