Viernes, 15 de diciembre de 2017

Anoche hubo dos vencedores

No es difícil hacer un resumen de lo ocurrido en el debate de anoche si nuestros sentidos se dejan llevar por el estudio de la basura, es decir, abrir el contenedor y comenzar a sacar el paro, los derechos de los trabajadores, los recortes a la dependencia, la mordida de las pensiones, la corrupción, la amnistía a los ricos, los sueldos de miseria, etc., porque si hacemos esto, este espacio se llamaría “todos contra Rajoy”. Eso debieron pensar sus antagonistas de anoche y aunque no pudieron obviar todos estos asuntos, a nuestro humilde entender fueron con don Mariano suficientemente modositos.

Rajoy es un hombre convencido de que el problema no es estructural y con tan pertinaz convencimiento, da la impresión de tener tan alta autoestima, que ha llegado a creer que lo suyo es infalible, no existe otra política a seguir. Por tanto, no fue nada raro que no existiera ni la más mínima duda por su parte ni el más mínimo apoyo por parte de sus adversarios políticos  (si acaso uno leve al hablar Rivera de reformas).

Una vez realizado este paréntesis, la noche se esperaba aclaratoria en cuanto a las dos fuerzas progresistas que tanta lata han dado con el famoso sorpasso. Un sorpasso de Podemos al Partido Socialista, pronosticado por las encuestas, que se preveía como el resultado de un sorpasso real y legítimo. Era un sorpasso moral y también en las urnas que se veía tan claro antes del debate que ya sólo faltaba que Pablo Iglesias, después de decir que la socialdemocracia era él, también dijera que no había más PSOE que el suyo. Sin embargo, no se llegó a tanto; de manera extraña, el señor Iglesias anoche dio la impresión de estar en una esquina del ring esperando que un alma cándida le tirara la toalla.

Lo sentimos, pero Pablo, o es un buen actor y realizó un papel impecable de modestia, o las contradicciones a la política que él viene desarrollando desde el 20 de diciembre y que Pedro o Rivera le pusieron sobre el tapete, no supo cómo aclararlas. Ahora mucha gente podrá decir que ser politólogo no significa ser político al igual que estudiar Filosofía y Letras no es ser filósofo y académico. Es posible que así sea. Sin embargo, creemos que es un superviviente y lo que no pueda conseguir a través de argumentos, es posible que sí lo consiga por algo que no se le puede discutir: Pablo tiene un gran atractivo personal, es transgresor, “atresmediado”, encoletado y, últimamente, acorbatado, aunque ayer evitase la dichosa prenda, y, por último, también es de estimar su incansable presencia en las redes. Unos argumentos suficientes para encantar a una gran parte del joven arco electoral.

Ante tal poder de seducción, hasta ahora éstas habían sido las reacciones de sus adversarios: Sánchez no había hecho otra cosa que leer aquel envenenado libro de baloncesto, regalado por Pablo, y lamentarse de su propia somnolencia, a la que bautizó como la apatía de los socialistas, que no decimos que no llevase razón; Rajoy, carrerita arriba y abajo, nos mostraba su buen estado de forma como si se fuera a presentar a las Olimpiadas de Río, pero Pablo no le preocupaba porque como ayer le decía Pedro Sánchez, había sido su gran aliado para que siguiera en La Moncloa, y Rivera, tiempo atrás, en un cuerpo a cuerpo con Pablo, perdía a los puntos por dar la iniciativa a Iglesias. ¿Recuerdan ese debate con Jordi Évole? 

Todo esto había ocurrido hasta el día de ayer. Y, claro, como Pablo es inteligente, que eso no se lo niega nadie, sabe que el que mucho habla, mucho yerra, y su postura ante lo que ayer queríamos los españoles, que era conocer las diferencias entre Unidos Podemos y el Partido Socialista, cuando Pedro se quejaba de que “Pablo no puede darme la mano porque se la tiene dada a Mariano Rajoy”, éste le contestaba que “dejemos de pensar en el pasado, de lo que pudo ser y no fue”. (Con sinceridad, Pablo, estas respuestas decepcionaron, esto no es lo que quieren los indecisos para despejar dudas el 26J. Y no fue una vez, sino muchas, como cuando al hablar de políticas sociales Pedro Sánchez te pidió explicaciones sobre el porqué de arrogarte aquellos ministerios tan poco sociales cuando tuviste el impulso de tocar poder).

Para qué seguir, Pablo ha dejado muchos flancos débiles al descubierto, tanto con Sánchez como con el propio Rivera, que al presumir Pablo de falta de financiación bancaria, le preguntó por los 11 millones que deben sus nuevos socios o lo que recibió de un país amigo, y él, con negarlo, cuando es de conocimiento público, ya cubrió el expediente. Creo honestamente que ha sido la gran oportunidad de desquitarse de Sánchez y de Rivera, los políticos que lucharon codo con codo para que los problemas que atenazan a este país ya estuvieran en vías de solucionarse, pero mañana habrá quienes digan que el debate lo ganaron Pablo y Rajoy.

Y de Rajoy ya hemos hablado. Pero si algo faltaba, en primer lugar, nuestras felicitaciones al presidente por el éxito de la Selección en el primer partido. Él no tendrá problemas. Rajoy disfruta de ese suelo electoral donde están situadas las personas garantes de las buenas costumbres (no dudo que muchas de buena fe) y si en su lugar, sin deseo de faltar a don Mariano ni a nadie, presentan un candidato invisible le dan el mismo número de votos.

Ahora, los dueños del debate de anoche son los analistas de La 1, de la Cuatro, de la Sexta y de los Gatos, que se pasarán de análisis en análisis durante toda la semana. Y después no sabemos si Pablo podrá cantarle a Garzón “ni contigo ni sin ti tienen mis males remedios...” o se abrazarán efusivamente. Alberto Garzón es para Pablo como esa liebre que en atletismo impone el ritmo de la carrera y le da la distancia idónea para  ganar, pero a Pablo esa carrera le viene larga y no la quiere ni en “picassos”. Él sólo quiere los votos de Alberto, pero no el paquete, que contiene esas herramientas tan anacrónicas como son la hoz y el martillo.

No obstante, el pueblo es soberano y con su voto puede hacer lo que le venga en gana. Imaginemos que la carrera ha finalizado, estamos en el 27J, Pablo es el vencedor y además de sorpasso al PSOE da trompazo a PP y a Ciudadanos; qué ocurrirá después, imagino que deberá pagar la deuda, no la del país, que esa es mejor que recemos por ella, sino la adquirida con IU, los independentistas, los venezolanos, los errejonianos, los atresmedianos... y la del PSOE, a quienes tendrían que llamar a la puerta para que les prestaran los votos a cambio de la Presidencia. ¡Qué lucha!

¡Ganar para qué! Apagar las velas..., unos minutos de celebración..., felicitaciones desde Grecia... y comenzar de nuevo... ¡Ganar para qué! Ganar es ganar con mayoría, como hizo Rajoy, y después fumarse un puro.