Domingo, 17 de diciembre de 2017

Viaje

Doblo, sin prisa, en mi alma los momentos más sustanciosos que he vivido aquí. Un lago de gamuza es la ciudad en cuya superficie hay peces ágiles. El gris del cielo invita a recoger instantes y emociones ya gastadas. La vida esta mañana es como un barco varado en el silencio de los parques. Mi corazón se asoma a las ventanas de esta melancolía que precede al rito del viaje. Me concentro en lo que hace unos días dejé atrás y escondo el cielo roto en un bolsillo para sentir los pasos de la lluvia moviéndose conmigo. Los semáforos son ángeles dormidos sobre el agua de la Avenida. La tristeza asoma en la estación del AVE. Deslizándome, como un erizo, cruzo la mañana, buscando el resplandor de otra ciudad.