Domingo, 17 de diciembre de 2017

Viernes con Nata

Se ha convertido en una costumbre. Y eso que nos conocemos desde hace un par de décadas –que se dice pronto-. Los dos llevamos trabajando en la misma empresa tres lustros y, durante los últimos años, lo hemos convertido en una sana tradición. Unas veces, solos; otras, acompañados por gente de la radio, o de la tele. Compañeros de oficio con parecidas cuitas y anhelos. Y pegamos la hebra sin desmayo. Empezamos por las goteras particulares, por las de nuestros allegados y acabamos arreglando la empresa, el país y el planeta mundo.

Los viernes, en cuanto respondo el correo y abro los programas para trabajar en un guión o visionar el material del último rodaje, le mando un mensaje: “¿Comemos? Sitio y hora”. Si no está reunida me contesta casi al instante: “¿En el comedor a las 14:45?” Yo paso la voz a los más cercanos de la redacción y, de un modo natural, se organiza una comida en la que, casi siempre, acabamos hablando de lo mismo, de periodismo.

Los viernes molan porque veo a mi amiga Natalia. Y como nos es complicado coincidir fuera debido a lo infame de sus horarios, aprovechamos a comer este día porque coincide que yo acabo mi semana laboral y ella empieza la suya. Y es que Nata es la voz de los informativos de la radio en las madrugadas del fin de semana. Mi ídola. Se lo digo todos los viernes.

Los viernes han vuelto a ser geniales, incluidos los de cuaresma. Incluso cuando no hay cocido en la línea del autoservicio y me tengo que privar del tocino entre panes. Molan los viernes con Nata porque ese día el comedor está casi vacío. Es como si todos supieran que vamos a comer nosotros y a hablar de fútbol, de deporte, de política, de las niñas, de sus padres, de Salamanca, de Valladolid y de vacaciones. Y no hay el bullicio de cada día.

Los viernes, cuando acabamos de comer, nos damos un paseo hasta la máquina de café. Allí contamos los últimos chascarrillos. Y yo presumo de amiga guapa y compañera íntegra, de periodista de raza y mujer valiente.

Los viernes con Nata son el banderazo de salida para su trabajo y mi descanso. Ya queda menos para otro viernes con Nata. ¿Te viernes?