Sábado, 16 de diciembre de 2017

La mirada de aquellos actores

Desde hace prácticamente un año me he convertido en una asidua espectadora del programa que, dedicado al cine español, ponen en la 2 por la noche. He tenido la oportunidad de descubrir a directores de los que sabía su nombre pero no había visto sus primeras y muchas veces mejores películas. Así, Luis Buñuel con “Viridiana”, Carlos Saura con “La caza”, Miguel Picazo con “La tía Tula”, Bardem con “Calle Mayor”, Berlanga con “Bienvenido Mister Marshall” o Martín Patino con “Nueve cartas a Berta”. Cualquiera de ellas daría para escribir no un artículo sino un amplio ensayo. Pero no voy a hablar de estas excepcionales películas, prefiero detenerme en sus intérpretes, actores o cómicos increíbles, y que me han deslumbrado.

El cine español actual, desgraciadamente, no está al nivel creativo del que se hizo en España en los años cincuenta o sesenta. ¿Por qué será?, no lo sé, pero es una evidencia: dónde están los Mur Oti, Forqué, Rafael Gil, Sáenz de Heredia o Nieves Conde actualmente, en ninguna parte. Con mucho más dinero que entonces pero con mucho menos talento, sin censura como entonces e inmensa mayor libertad, el cine español que se hace ahora mismo es un páramo, excepto brillantes aportaciones como las de Alberto Rodríguez y pocos más.

¿Y los actores? En aquellos años, mal pagados y con escasa formación que sustituían con el meritoriaje en compañías que circulaban por provincias, aparecieron genios de la escena y del cine como Pepe Isbert, Alfredo Mayo, Ismael Merlo, Milagros Leal,Fernando Rey, Paco Rabal, Aurora Bautista, Fernán Gómez, José María Rodero, Carlos Lemos, José Luis López Vázquez y tantos otros. Si nos tomamos la molestia de comparar el nivel interpretativo de estos cómicos de los años 50 con el actual, nos quedamos de piedra: la diferencia es abismal. Y encuentra difícil explicación porque, en buena lógica, los actores de hoy están mucho más formados, en bastantes casos han pasado por la universidad y las escuelas de arte dramático…y sin embargo son peores, mucho peores. ¿Por qué?

Aventuro desde la espontaneidad de una espectadora de a pie, mi hipótesis. Aquellos actores eran mucho más creíbles, les veías el rostro y te transmitían unas sensaciones de verdad y autenticidad que hoy brillan por su ausencia. Eran más reales y comunicaban entonces mejor, nos los creíamos. ¿Se imaginan hoy una nueva versión de “El verdugo”, qué actor podría sustituir con garantías a D. José Isbert o a Fernando Rey en “Tristana”? Yo no me los encuentro en la cinematografía presente. Tal vez es que habían vivido más y sabían cómo era el mundo, diría que hasta habían pasado hambre y lo expresaban en su mirada, mientras que los de ahora mismo no te los crees, sus interpretaciones son más acartonadas, transmiten menos y peor: son más guaperas, pero dicen mucho menos.

Aquellas espléndidas películas que he citado –aunque el ramillete podría ser el doble o triple- eran muy buenas por varias razones: las historias que contaban eran interesantes y su clave eran los extraordinarios guionistas que había entonces, como Rafael Azcona y otros; los directores eran profundos y no se iban por las ramas, sus películas no se quedaban en una corteza brillante, entraban en el corazón de los problemas que aquejaban a nuestra sociedad, tenían más que ver con ella que los que hoy presentan nuestras películas actuales (¡es increíble!); y, finalmente, contaban con unos actores que quitaban el hipo, que te hacían sentir la veracidad de sus problemas a través de interpretaciones sinceras, no domesticadas. Las miradas de Rabal, Rey o Merlo te lo decían todo. ¡Quién los tuviera hoy!

Marta FERREIRA