Domingo, 17 de diciembre de 2017

Que inventen ellos

Marginal, como son calificadas las noticias que no contribuyen a la más chusca visión de la más ridícula españolidad o a la propaganda del gobierno, es como ha sido calificada (y tratada en muchos medios de comunicación y en las agencias españolas de información) la noticia de que España no participará en la Reunión de Alto Nivel sobre el Sida convocada por la ONU este mes de junio. Una ‘cumbre’ en la que estarán presentes los más grandes especialistas en la enfermedad y que ha fijado como objetivo global poner fin a la epidemia de Sida antes de 2030, a cuyo fin todos los países (excepto este de nuestros pecados) han enviado a sus mejores expertos en el tema, además de contar con la presencia de responsables de los sistemas sanitarios, ministros y técnicos especializados procedentes de todo el mundo.

El desprecio a la ciencia y a la investigación científica que desde hace décadas siguen caracterizando a España ante la comunidad internacional, emerge de nuevo en toda su crudeza con motivo de esta Cumbre. Porque a pesar del regular escándalo y el unánime reproche que en todas las agencias científicas internacionales y no pocos países ha despertado la decisión del gobierno español, las excusas con que esa manga de ministros en funciones que nos gobierna se ha zafado de participar y contribuir a tan trascendental reunión, han penduleado entre las más chuscas, grotescas y mendaces que pueden escucharse, desde “cuestiones de ahorro” (mejor ni comentarlo), hasta “ausencia de especialistas en el tema” (!!!!!!!), pasando por la más ridícula de todas: que los técnicos de aquí no acuden a la Cumbre sobre el Sida porque están organizando la concesión de ayudas...¡a las organizaciones que luchan contra el Sida! (sic).

La verdad, como sucede cuando se utilizan para disfrazarla tan roñosos argumentos, es de nuevo la constatación de esa concepción casera y doméstica de camilla y sacristía que del Estado y del país tienen los actuales dirigentes. Esa concepción repulsivamente paternalista, cicatera y de cuenta de la vieja que del ejercicio del poder siempre ha exhibido la derechona inculta y petulante que aquí padecemos, que si por una parte se muestra sumisa, lampona y dócil frente al poder del dinero y la puñetera apariencia, por otra es recelosa, suspicaz y asustadiza frente a las responsabilidades colectivas, a su propia ciudadanía y mucho más a la toma de decisiones que pudiesen alterar un ápice su propio status o que propiciasen una comparación con la forma de gestionar en otras latitudes.  Una concepción del ejercicio del poder que se convierte por momentos en autoritarismo, en ordeno y mando, en dedo admonitorio y en regañina, y que muestra su cara más provincianamente zafia, miope y bizca cada vez que es preciso contribuir, cooperar, abrir puertas, ser solidario o, algo que les viene ya definitivamente grande, invertir en futuro en pro de la humanidad.

El embajador de España ante la ONU será quien a este malhadado país tenga que representar (mejor dicho, tenga que ponerse ahí), en lugar de especialistas científicos, investigadores, expertos y trabajadores que en el tema del Sida los hay en España, y de enorme nivel. En vez de asistir a esa Cumbre una autoridad política con el suficiente peso (que en eso sí que podría haber déficit) como para dejar claro el fin de aquel unamuniano deseo de dejación española en los asuntos científicos, tendremos un figurón con corbata –respetos al señor Oyarzún que no tiene culpa- sin nada que decir, menos que aportar y mucho de qué avergonzarse.