Domingo, 17 de diciembre de 2017

Va de bocazas

En aquellos tiempos en los que el boxeo era un arte, un negro devenido musulmán se atrevía a ser el más grande, y vaya que si lo era… sobre todo cuando abría la boca y soltaba frases como esta: La gente no soporta a los bocazas, pero los escucha.

         Uno lee esto y se queda pensando en los escandalosamente bien pagados tertulianos de Sálvame, en los eruditos politólogos de la Sexta y mucho peor, en personajes como Donald Trump o Keiko Fujimori, por no habar del bocazas más venezolano del reino, Maduro y del más insistente, Fidel Castro, y a los ayatolahs porque no les entiendo, que si no, también. El discurso reiterado, estúpido, vocinglero e inútil no es privativo de nadie, se extiende como una mancha de aceite agotadora y a la larga, ininteligible. Sean religiosos, populistas, gilipollas de plano o hasta de buenas intenciones, los bocazas se caracterizan por creerse en ese momento las chorradas que dicen –y que probablemente no hayan escrito ellos- y en algunos casos, hasta hacer una buena frase que quede en los titulares como un hallazgo fantástico. El lenguaje a prueba de memos mientras los demás nos quedamos callados calculando el montante del despido o del salario mínimo, que esos sí que son temas de calado. Uno hasta agradece que Rajoy no tenga el talento de Demóstenes y sepa que calladito está más guapo, porque la que nos espera con la campaña electoral va a ser de alivio y no precisamente de luto. Venga a largar y a largar como si no supiéramos ya lo que quiere cada uno. Yo de ellos organizaba ya las elecciones y que salga el sol por Antequera, porque total, no nos hace falta ningún debate para saber de qué pie cojea cada uno de nuestros presidenciables. Pero hay que darles de comer a los asesores de prensa y a los comentaristas de la cosa, por eso se impone oír el fútbol o de plano irse a un festival de música y dejar a los bocazas clamar en el desierto, porque si seguimos con la bobada acabaremos yendo a votar pero la pelota. Ponemos a Vicente del Bosque de presidente del gobierno y que elija ministros, que luego se los criticaremos porque en este país hasta el más memo es seleccionador nacional o comentarista político. En fin, que de bocazas está el mundo lleno y ya dijo la biblia que el número de los insensatos era infinito, por eso, mejor le damos a la raqueta y nos solazamos con Muguruza, o nos vamos a pasear la alergia por el campo florido. Todo menos oír el clamor de los bocazas, a quienes no soportamos, como dijo el más grande, todos escuchamos. Por eso Sálvame bate índices de audiencia y la Sexta parece un patio de vecinas parlamentarias. Todo menos mirar a la cara a los problemas y resolverlos con sensatez y, sobre todo, sin meter mano en la caja ni resolver los problemas pagando los recibos del alquiler de los okupas. Las soluciones más imaginativas deberían ser cosas de los niños, por eso, más nos vale dedicarnos a la Patrulla Canina como hace el Pollo, mi sobrino sensato, total, ya le enseñaremos que, en el mundo real, nunca ganan los buenos ni los silenciosos.

Charo Alonso.

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez.