Miércoles, 13 de diciembre de 2017

El misterioso caso de Monseñor Cañizares.

DENTRO DEL CICLO RECREACIONES, ODAS y OTRAS MANERAS DE PERDER EL TIEMPO PENSANDO.  

En mayo de 2002 todos aquellos que vivíamos la dulce veintena nos levantamos con una sobrecogedora noticia: “Cañizares no irá al mundial”. Para todos nosotros supuso sin duda un tremendo jarro de agua fría del que duramente nos repondríamos años después.

Estoy seguro de que lo anterior no fue por la selección, pues por aquel entonces no ganábamos ni un colín, sino por la extraña manera en que se produjo tal suceso.

Dicen las crónicas de entonces que Cañizares se lesionó en su baño al caerse un frasco de colonia marca Brummel que le seccionó directamente un tendón de su pie derecho. El periódico seguía relatando que Cañizares estaba sumamente afectado, pero que era una persona con una “fuerte moral”.

Todos quisimos de una u otra manera ser Cañizares. Transgresores, estilosos, adelantados a nuestro tiempo, cool en una palabra. Ya fuera con su pelo color zanahoria o sus mechas color pollito de rastro. No podemos olvidar y así quedará en los anales de la historia que fue el precursor de aquella moda que cambio los campos de futbol por pasarelas llenas de nuevos cristianos de gominas y diamantes.

Ahora entiendo que no podría haberse lesionado de otra manera, pues lances del juego que afectaran a ligamentos y distensiones son más propios en personajes rudos y exentos de cualquier tipo de estilo. Porque, no me digan que lesionarse el tendón del pie con colonia no tiene glamour. Vamos, un milagro en sí. Como si se le hubiese caído la misma pila bautismal.

Mucha gente recuerda que jugó en el Madrid aunque su ciudad de adopción fué Valencia donde vivió y donde dicen incluso que lo hicieron monseñor o algo así. A partir de aquí, habladurías y chismes de todo tipo acerca de su homofobia y su extraña manera de inventar imperios y destruir personas. Pobre hombre.

 

No sé, en honor a la verdad y llegados a este punto tengo que reconocer que al final siento cierta confusión. Seguro que me he liado y confundido al definir a las personas. Seguro que sí. Quizás como monseñor.