Viernes, 15 de diciembre de 2017

Ni poniéndoselas como a Fernando VII...

Al tiempo que se niega a comparecer -ahora que sabemos lo mucho que tendría que explicar- ante la comisión de investigación de la trama eólica, la Perla Negra y el polígono de Portillo, Juan Vicente Herrera quería blanquear esa negativa con un simulado de ejercicio de transparencia ante la comisión que investiga los multimillonarios sobrecostes del Hospital de Burgos.

Una comparecencia en la que el grupo popular impuso un formato con todas las ventajas para el compareciente -siempre la última palabra para él y sin límite de tiempo-, tasando las intervenciones de la oposición y evitando el diálogo directo pregunta-respuesta y posible repregunta. Todo un simulacro de lo que debe ser una comparecencia ante una comisión de investigación pensado para que el presidente de la Junta pudiera justificar a sus anchas los 657 millones de sobrecostes que de momento lleva acumulados el hospital burgalés, dejando sin contestar la inmensa mayoría de las cuestiones planteadas por la oposición.

Ni así se lo preguntaran, uno tras otro, los portavoces de IU, Ciudadanos, Podemos y PSOE, Herrera contestó a la falta de penalización a la empresa adjudicataria cuando, a dos meses del plazo fijado para entregar la obra, solo tenía ejecutada el 56 por ciento de la misma. Y es que no solo no hubo penalización, sino que a través de posteriores modificados y sucesivos reequilibrios financieros la concesionaria acabó cobrando el lucro cesante generado por sus propios retrasos.

Amparándose en los dictámenes del Consejo Consultivo y en el archivo de una denuncia presentada ante el Tribunal de Cuentas, Herrera justificó que una obra adjudicada en 242 millones haya acabado costando más de 500 y que su pago aplazado haya pasado de 1.010 a 1667 millones. “Nadie dijoque la fórmula fuera a ser mas barata”, dijo, por si alguien no se había dado cuenta.

Lo que sigue sin estar claro es que todas las ampliaciones y mejoras introducidas y pagadas fueran necesarias y ni siquiera que todas ellas hayan sido ejecutadas. Y el procurador Mitadiel (C´s) le recordó que la Comisaría Europea de la Competencia mantiene abierto un expediente sobre los sobrecostes y la legalidad del préstamo del Banco de Crédito de Inversiones con el que la Junta financió (el mundo al revés) a la empresa concesionaria.

Por supuesto, Herrera no contestó prácticamente a ninguna de las 47 preguntas formuladas por la socialista Mercedes Martín, aunque sí a la de si tenía alguna vinculación familiar, personal o de amistad con la alguna de las empresas participantes en la concesionaria, lo que negó tajantemente. En el aire quedó flotando la relación societaria y las inversiones en Panamá compartidas entre un hermano del presidente y Jesús Arranz Monje, uno de los constructores burgaleses integrados en la concesionaria.

Ni siquiera poniéndoselas como Fernando VII, logró Herrera disipar el negrísimo agujero financiero que arrastra el hospital burgalés.