Domingo, 17 de diciembre de 2017

Malaventuranzas

Frente a las quiméricas bienaventuranzas evangélicas, incorporadas por Lucas (6, 20-23) y Mateo (5, 3-12), reproduciendo las palabras de Jesús en el “sermón de la montaña”, asegurando que no serán dichosos los poderosos, ricos y satisfechos, sino las personas que pasan hambre y lloran, como los pobres, hambrientos, refugiados y perseguidos, cabe oponer malaventuranzas laicas avaladas por la realidad de la vida:

Malaventurados los pobres, porque nada será de ellos en la tierra.

Malaventurados los mansos, porque sufrirán el acoso de los bravos.

Malaventurados los que lloran, porque no serán consolados.

Malaventurados los que tienen sed de justicia, porque nunca serán saciados.

Malaventurados los misericordiosos, porque no recibirán misericordia.

Malaventurados los parados, porque no encontrarán trabajo o justo salario.

Malaventurados los limpios de corazón, porque no verán a Dios.

Malaventurados los injustamente perseguidos, porque serán condenados.

Malaventurados los injuriados, porque su condena será el vilipendio

Malaventurados los ignorantes, porque no alcanzarán sabiduría.

Malaventurados los explotados, porque no serán libres.

Malaventurados los indigentes, porque vivirán de los contenedores.

Malaventurados los dependientes, porque siempre dependerán de los demás.

Malaventurados los refugiados, porque no encontrarán refugio.

Malaventurados los marginados, porque se les negará el espacio merecido.

Malaventurados los pacifistas, porque nunca lograran la paz.

Malaventurados los imbéciles, porque nunca dejarán de serlo.

Malaventurados los hipotecados porque muchos serán desahuciados.

Malaventurados los trabajadores, porque serán explotados.