Lunes, 11 de diciembre de 2017

La exigua libertad del ser humano

¿Quién o que vota?

Dentro de unas semanas tendremos la oportunidad de ejercer el derecho de voto.Todos creemos que es un ejercicio de libertad. ¡VAMOS A COMPROBARLO!


¿Podemos elegir?. Más bien son nuestras memorias las eligen entre lo que nos gusta y nos disgusta, pues ellas lo han memorizado. ¿Lo nuevo?, en principio nos sorprende y en base a nuestras actitudes y emociones percibidas decidimos si probar o no.

En el mercado de la política la oferta era hasta el siglo pasado poco variada. Blanco o Negro. Hoy podemos decir que se nos presentar un arco iris político. Ante esta policromia de opciones politicas nuestro primer voto tendria que estar basado en nuestra experiencia, nuestra memoria. Estas se han ido conformando a lo largo de nuestra vida por nuestras experiencias, vivencias, cultura y educación y, son ellas, las que conforman un bagaje, un acerbo o depósito donde buscar el sentido del voto. Antes hemos leído todos los programas políticas, hemos escuchado todas sus propuestas y hemos realizado una comparativa…¡Qué no!, que así no funciona. No leemos, no escuchamos y no analizamos, nos basta un sesgo, un perfil, un resumen. Es la mente la que dedice con sus memorias, ¿O es el corazón?, ¿O son los sentimientos?...¿Quién o qué decide ante tan poca información y formación.?

Me aventuro a especificar, etiquetar y encasillar a varios tipos de votantes:

1º.CEREBRAL:

Vota con la cabeza, se lo pìensa. Suele cambiar el voto a lo largo de su vida, pero tiene razones para ello. Es capaz de razonar su decisión.

2º.PASIONAL:

Vota con el corazón. No necesita pensarlo, lo tiene claro, es fiel a los colores y la bandera. No es cuestión de pensar, es cuestión de intuir que esos, precisamente esos, son los tuyos. Poco autocríticos, no cambian de opción con facilidad.

3º.SENTIMIENTAL:

Vota con los sentimientos. ¿Qué siento?. Si estoy cabreado puedo elegir cualquier cosa con tal de que no salga el otro. Normalmente harto, el hartazgo es su brújula. Cambie el sentido de su voto con facilidad.

Estos estereotipos pueden encontrarse con facilidad. Para el experimento es preciso que este usted, querido lector de acuerdo con lo anterior, pues partiremos de estos datos como premisa mayor.

La creencia de que se vota con libertad está muy extendida, pero realmente como veremos
a continuación la neurociencia, la spicología, la sociología, en suma, la ciencia, nos tiene preparada una sorpresa.

Los pasionales que no pueden votar a otros están apegados, hay APEGO.

Los cerebrales utilizan para su decisión la información acumulada en sus mentes, y la mayor parte de esa información le fué colocada sin su consentimiento durante los años de infancia, y guardada celosamente por el inconsciente, por tanto hay INCONSCIENCIA.

Los sentimentales se ven influenciados por la emoción y los sentimientos, que son altamente volatiles e impermanentes y, además, provocan profundos e inevitables, incluso
irrefenables deseos, por lo tanto hay DESEO.

Si quienes votamos somos presas de nuestros DESESOS y APEGOS e INCONSCIENCIA resulta que tenemos como elementos volitivos los peores enemigos de la voluntad, de la libertad.

¿Qué nos queda?. Nos queda la consciencia. Ser conscientes de lo que hacemos. Unos lo serán de sus razones. Otros de sus emociones y los otros de sus pasiones. Cada palo que aguante su vela. Pero es que algunos ni siquiera son conscientes de como votan, otorgando un valor absoluto a un gesto que es altamente relativo por los componentes químicobiológicos que contiene.

El próximo día antes de votar tomemos unos minutos, respiremos y démonos cuenta desde donde vamos a votar, desde la mente, el corazón o la emoción, pues ese ejercicio de consciencia es la única libertad que tenemos, lo demás no lo hemos decidido, se ha decidido a través de automatismos que no controlamos