Martes, 12 de diciembre de 2017

¡Qué manera de sentir, qué manera de soñar…!

De nuevo, los “titanes colchoneros” intentaron asaltar el cielo, combatieron de tú a tú con los “galácticos merengues”, pero no pudo ser. Como Sísifo que sufrió la ira de los dioses por ser astuto y, privaron de la vista, fue castigado a empujar una enrome piedra hasta la cima de una montaña, sintiendo como cuando estaba a punto de alcanzar su meta, esta volvía a caer hasta el fondo del valle y debía comenzar de nuevo. Del mismo modo, el Atlético de Madrid, como un moderno Sísifo, parece haber sido castigado sino por los dioses tal vez los hados del destino, a repiter la pesada hazaña de elevarse sobre los grandes equipos de la liga de Campeones, para ser privado de las mieles del éxito en el último momento. Quizás sea una real maldición porque ni el dios Neptuno, que gobierna sobre todas las aguas y los mares, pudo hacer nada.

Los chicos del Cholo, dieron más pases buenos, cometieron menos faltas, recuperaron más balones, realizaron más centros al área y tuvieron que remontar un resultado adverso, pero no fue suficiente. Dicen que el fútbol no perdona, no tiene compasión, dicen que no existe la justicia fultbolística, porque si existiera, el campeón de Europa hoy sería el club del Vicente Calderón. 

La envidiable y ejemplar afición atlética dio, de nuevo, un ejemplo de entrega y reconocimiento, de sentirse orgulla de su equipo y les recibio como lo que son: Campeones. No faltaron camisetas rojiblancas, bufandas, banderas, gritos de ánimo y admiración especialmente a los que fallaron, y lo hicieron sólo porque son humanos, aunque tengan alma de titanes.

Un penalti fallado y un poste tuvieron la culpa, porque todo el equipo supo jugar, templar, sufrir, pelear, incluso perder con esa dignidad de la que sólo pueden hacer gala los más grandes en los momentos sublimes. Desde luego hay que felicitar al Campeón, pero si Campeón sólo puede haber uno, no es menos cierto que también hay un solo subcampeón de toda Europa y ese no es otro que el Atlético de Madrid. Creo que en esta ocasión únicamente se alegraron de la victoria de los vikingos los seguidores y los miembros del club, porque el resto del país estaba con los de la ribera del Manzanares, por justicia fulbolítica.

Seguro que tendrán más oportunidades y, la hasta hoy esquiva diosa Fortuna, diosa de la buena y la mala suerte, manejará su rueda para que el asalto final sea posible. Por todo esto hoy en homenaje a todos los atléticos, subcampeones de Europa, procede terminar recordando el estribillo del Himno que mi admirado Joaquín Sabina – al que le gustan las rayas canallas de los colchones - decido al club de sus amores con motivo del centenario: Qué manera de aguantar, qué manera de crecer, qué manera de sentir, qué manera de soñar, qué manera de aprender, qué manera de sufrir, qué manera de palmar, qué manera de vencer, qué manera de vivir. Felicidades a todos los que tienen el alma rojiblanca.