Viernes, 15 de diciembre de 2017

De amores y otras mandangas (I)

Sostiene Ernesto que el problema de este país es que no nos queremos. Según él, si nos mirásemos unos a otros como en un espejo, no seríamos sectarios, ni dogmáticos, ni despreciativos con los que no piensan como nosotros, y estaríamos dispuestos a llegar a pactos –políticos también-, conciertos, convenios y compromisos.

  -Y sin embargo, éste es el primer país del mundo en donaciones de órganos –apunto.

  -Individualmente somos entrañables y generosos, pero si quisiésemos a nuestros compatriotas –insiste-, no tendríamos la piel tan fina, ni andaríamos todo el santo día con el gesto torvo y la mirada escrutadora buscando a quién cargarle la responsabilidad del fracaso propio, ése que hemos cultivado año tras año con nuestra desidia, pero del que tienen la culpa todos, menos el interesado.

  -¿Cómo se explica usted que confiemos en los médicos y cirujanos de nuestros hospitales que, sin conocernos, nos atienden con una sanidad que está entre las mejores del mundo?

  -Nuestras universidades llevan formando profesionales 800 años –replica-, ¿a quién le puede sorprender que tengamos buenos doctores? Mas si nos amásemos, bondad sería sinónimo de cordialidad, de benevolencia y de amabilidad, una virtud que desarmaría a la legión de cínicos de este país, ésos que afirman que bueno y bobo empiezan por la misma letra.

  -Seguramente; el cinismo es un mal endémico de la especie humana, pero mientras los alumnos de la escuela de Diógenes tratan de enturbiar el buen hacer de los españoles, los técnicos trabajan para que funcionen correctamente los semáforos, que la mayoría respetamos, los transportes, las fábricas, los servicios municipales de agua, los saneamientos, las basuras, el comercio, el reciclaje…

  -Eso lo ha traído el progreso –le quita importancia-, si quisiésemos a esta tierra no la corromperíamos con inmundicias, ni nos consideraríamos sus amos, sino meros administradores temporales que tendremos que dar cuenta del uso que hemos hecho de ella a las generaciones venideras.

  -Reconocerá como algo extraordinario que, a pesar de algunos abusos, seamos el país de la Unión Europea con mayor número de playas con bandera verde, de parques naturales y de lugares reserva de la biosfera.

  -La naturaleza ha sido generosa con esta tierra, pero cuando depende de nosotros…, aunque si mirásemos con buenos ojos a nuestros paisanos, recordaríamos a los que nos han precedido y conservado para nosotros ciudades monumentales, aires puros, tierras incontaminadas, aguas cristalinas…

  -No dejará de extrañarle que de las 50 ciudades europeas Patrimonio de la Humanidad, 15 se encuentren en España.

Se calló y apuró la cerveza. Mañana sería otro día.