Viernes, 15 de diciembre de 2017

Llueve otra vez

Aquí estamos de nuevo bajo la lluvia y no precisamente cantando, que en mi casa somos muy del que pierde, es decir, atléticos más que nada por el folclorismo de seguirle el juego al pollo pera. El nene nos ha salido más futbolero que el resto de la camada porque al sobrino soberanista le resulta un poco complicado eso de no ser culé en pleno Ampurdá. Eso sí, la prima de colorines, que no deja de ser hija del único hermano futbolero, se decanta por el que meta más ruido por aquello de montar una fiesta, que no he visto en mi vida una criatura más proclive a BBC, es decir, a bodas, bautizos y comuniones. A esta le das un día de las Fuerzas Armadas y se pone tan contenta, lo suyo es a celebración pura y dura, con vestidito de colores, trenzas en el pelo y música aunque sea de banda militar. A mí, sin embargo, si me quieren hacer una faena, me invitan a un evento que no sea presentar libros o a una fiesta de pueblo, que verán cómo me pongo mala de inmediato. Lo mío es la celebración cultureta y gracias, que me canso que es un gusto.

         Ayer las calles de mi ciudad parecían un río y caía del cielo la intemerata mientras por las calles del centro se afanaban los tacones, los paraguas, las cabezas de peluquería resguardadas a duras penas y los vestiditos de gasa con chaqueta encima de última hora. Estamos en plena eclosión de comuniones y el tiempo se pone a recordarnos que estas fanfarrias tienen poco que ver con la religiosidad pura y dura. En el fondo  me parece muy bien que cada uno tenga una ocasión para ponerse divino de la muerte y organizar un fiestón familiar, pero también es cierto que ahora las comuniones parecen una operación militar con estrategas de alto nivel y préstamos personales porque la cosa se pone carísima. Y eso como que no, hay que abogar por la pura alegría del encuentro familiar y punto, y sobre todo, de la pretendida religiosidad, porque está muy bien eso de no ir a misa para nada y luego organizarle al niño un fiestón para que le regalen el móvil. Como que no se sostiene nada de nada, pero allá cada uno con su conciencia, yo me divertí mucho en la boda de mi hermano y espero que a nadie se le ocurra casarse en una buena temporada, porque el asunto me dejó agotada para meses. Uno ya está mayor y necesitado de tiempo entre evento y evento, por suerte para mí aún quedan lejos ciertas celebraciones y la niña bonita no está muy por la labor de bautizar a sus mascotas y menos a iniciarlas en los misterios del Santo Grial… La criatura sale a madre, aunque puestos a elegir, mejor una boda con todo y tacones que ir de funeral, lo que a la edad que tengo es por desgracia de lo más normal y corriente. Cada franja horaria tiene sus cosas, es cierto, y la mía es la de acercarse a los velatorios y reconocer que, pese a todo, la mortalidad está ahí, como la fecha de las elecciones… porque no podemos vivir eternamente en la inopia. Y ya, que no deja de ser una novedad esto de no hablar de la falta de gobierno. 

Charo Alonso

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez