Domingo, 17 de diciembre de 2017

… Y comieron perdices

Festejo taurino de cierre de Corpus de Ledesma con Lopez Cháves, José Garrido y Roca Rey; se lidiaron toros del Puerto de San Lorenzo, bien presentados y de juego desigual

El diestro ledesmino Domingo López Chaves. Foto: Alberto Martín

Acababan de arrastrar al tercero y el ‘rol’ de las corridas estelares de la feria de Ledesma se iba como el agua entre los dedos. Tras el sopor del día anterior apenas habñia nada que destacar, porque los toros del Puerto de San Lorenzo dieron poco de sí y estuvieron muy por debajo del interés de los espadas, a pesar de que López Chaves logró arrancar una oreja al primero -un ‘atanasion’ de muchas carnes inscrito con el nombre de ‘Curioso’-, gracias a su entrega. Después ni José Garrido, ni Roca Rey alcanzaron grandes cotas ante aquellos astados descafeinados y que encima fueron presentados tan pobres de cara o –para que seamos buenos- vaya usted a saber el motivo de las puntas romas. Y es que aunque sean ferias de pueblo no se puede tragar con todo lo que quieran imponer los taurinos, porque una corrida debe celebrarse con toda la grandeza y seriedad que exige y aquí la autoridad debería ser más inflexible. Si no lo aceptan que se programen festivales, que ahí si está autorizada la manipulación de puntas. Pero jamás prostituyamos lo que debe tener una tarde de toros y demos nuevos argumentos a quien están en contra de la Tauromaquia.

Sin embargo salió a las arenas el cuarto, de nombre ‘Billetito’, más ligero y con bella anatomía que desde el principio ofreció la calidad que engrandece su sangre embistiendo al percal de López Chaves con codicia y humillación. Era un toro de lío y aunque lo cuidaron en demasía y apenas los probaron en el caballo, lo cierto es que desde el primer momento se arrancaba con prontitud y clase a la pañosa roja que le ofrecía el pequeño gran torero de Ledesma, siempre mandón y seguro, quien rápido vio las condiciones para sacar lo mejor de sí ante sus incondicionales paisanos, quienes vibraron con su buen hacer y también con las incansables embestidas de ‘Billetito’, quien demostró que valía muchos billetes de esos morados que dice que existen, aunque casi nadie los ve. Lo mató bien y a su manos fueron las orejas y el rabo que paseó, con la cara embargada por la alegría junto a su crío y también la chavalería de la escuela en tierna imagen.

Con la tarde ya caliente en los chiqueros quedaban dos toros, ambos para esos dos jóvenes matadores que vienen haciendo tanto ruido como son el extremeño José Garrido y, sobre todo el peruano Roca Rey. Garrido, después de írsele la feria de Madrid era sabedor que no puede quedarse atrás nunca para tratar de recuperar su sitio y en feroz competencia -¡que engrandece el toreo!- recibió al quinto rodilla en tierra. Era un toro que embestía a trompicones, sin fuerzas, pero donde el de Badajoz estuvo entregado para buscar el éxito hasta el final, porque a base de insistir logró dos templadas series sobre la diestra en el epílogo de su lidia y otra de naturales, con ambas rodillas clavadas en la arena, con el toro ya rajado. Mató de una estocada y sufrió una voltereta, que le ayudó a cortar la segunda oreja, gracias a un palco generoso que le permitió salir en volandas.

Tranquilo y parsimonioso, bulléndole la sangre, pero controlado todo se mostró Roca Rey al saludar a la verónica al sexto, al que enseguida quitó  por gaoneras. Era un toro que embestía con bravura por el lado izquierdo, pitón por el que le sitio el torero en una serie de muletazos largos y templados que abrió el corazón del público, quien entregado, aplaudió con interés. Desde entonces sacó su repertorio de cercanías y no faltaron las ‘inas’ tan identificadas a él. Era el caso de las arrucinas y por medio varios muletazos sobre la diestra derechazos antes del arrimón final y de unas bernadinas que fueron el colofón. Con la espada en la manos se tiró a matar y pinchó perdiendo la muleta para dejar a continuación una estocada que le permitió pasear las dos orejas. Todo en unos instantes de dicha en los que el público había pensado que el banquete estaba aguado el banquete y resultó que acabaron todos más felices que unas perdices. Porque hasta que salió el cuarto nada daba un duro por recuperar la tarde. Pero aquel ‘Billetito’ era un realmente un billete morado de esos de ‘500’ que salen el noticiario de sucesos y, como los milagros, dicen que existen, porque casi nadie los ve.

Ya a la caída de la tarde, en pleno crepúsculo y con el sol perdiéndose en los horizontes de Lusitania la imagen de los toreros y el ganaderos en hombros eran el reflejo de la felicidad, porque el milagro de un toro bravo tiene ese poder de maravillar.

Ficha del festejo

Ganadería: Se lidiaron toros del Puerto de San Lorenzo, bien presentados y de juego desigual. El extraordinario cuarto, de nombre ‘Billetito’, premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. 5º y 6º, encastados y con clase..

López Chaves (azul pavo y oro): Oreja y dos orejas y rabo.

José Garrido (grana y oro): Ovación tras aviso y dos orejas tras aviso.

Roca Rey (grana y oro): Palmas tras aviso y dos orejas tras aviso.

Ambiente: Tres cuartos de entrada en tarde agradable

Fotos: Alberto Martín