Lunes, 18 de diciembre de 2017

Errejón no tiene quien le escriba

Ante el cúmulo de corrupciones que apesta a este país (a Maroto le da asco Bárcenas y a Bárcenas le da asco Maroto, con lo que no aclaran nada) viene el señor Errejón a añadir ambigüedades tales como que “los comunistas y los socialdemócratas son el pasado”. Nosotros, con el respeto debido a todas las opiniones, le pediríamos a don Iñigo que concrete un poco, pues no sabemos si esa izquierda que él propone es light, zero o con cafeína.

      Quizá el joven político nos responda que ese cambio es Podemos, pero si no nos dice nada más, nos quedamos en que “podemos” es la primera persona del plural del presente de indicativo del verbo Poder. Y a partir de ahí, todo se puede deducir. Por ejemplo, yo deduzco que por su educación, buenas maneras, excelente currículum y la previsión de gran futuro por delante ha gozado de la suficiente tranquilidad para dedicarse a estudiar sin que le hayan embargado los apuros económicos. Vamos, que ha sido un privilegiado. Por tanto, nosotros le damos la enhorabuena. Quizá, si me escuchara, diría que ello se lo debe al sacrificio de sus padres. Estupendo. Por edad, sus padres han vivido la España que emergió de la Constitución del 78, de lo cual nos alegramos, y con esa Carta en la mano, si apartamos la peor época de la burbuja y la actual de los recortes, durante 28 años disfrutaron de derechos sociales nada despreciables, que fue la gran apuesta de los socialdemócratas en el poder. Así que yo le preguntaría: ¿No está usted conforme con ello? ¿Por qué siente esa fobia socialista?

Sin ambages, el señor Errejón, presuntamente de izquierdas, defenestra a comunistas y socialdemócratas por viejos. Muy triste escucharlo. Y sería una opinión más si no fuera porque la semana pasada, desde el mundo del dinero, el señor Rosell, presidente de la CEOE, vino a decir con total claridad que “el trabajo fijo y seguro es un concepto del siglo XIX”. Una coincidencia, no una pinza, que nos preocupa entre ambas personalidades. En el caso de don Joan Rosell nos cuesta pensar que presuntamente apueste por el bienestar feudal del siglo XVIII. Será una equivocación, ¡no se habrá dado cuenta! Pero nos duele más lo dicho por el señor Errejón, ya que no es justo que él abomine de esa  vieja política socialdemócrata que, a intervalos, nos fue sacando del foso hacia el bienestar social. ¿No será que lo del señor Errejón sean sólo palabras o un poco de perversidad para ser creíble dentro de su propio partido? Pregunto.

También pudiera ser, tomémoslo como una broma, que faltara a clase el día que dieron aquella elemental lección de Historia. A mí, sea por la causa que fuere, también por si nos lee o escucha, me gustaría refrescar un poco la memoria al señor Errejón. Por ejemplo, los derechos de los trabajadores comenzaron a fraguarse en la clandestinidad el 2 de mayo de 1879. Fue en una comida, que la llamaron de “Fraternidad Universal”, en una fonda de Madrid. Allí un grupo de veinticinco componentes de la Asociación General del Arte de Imprimir, entre los que se encontraban los tipógrafos Pablo Iglesias, Victoriano Calderón y Alejandro Ocina, con los médicos Jaime Vera y Gonzalo Zubiaurre entre otros, redactaron el programa del Partido Socialista. Un programa que a través de José Mesa fue enviado a Marx, Engels y Guesde para homologarlo con los movimientos de trabajadores europeos. Este fue el germen de la legalización de todos los partidos políticos en España. Así lo confirmó Sagasta en 1881.

A partir de entonces, se fundó “El Socialista”, periódico que, con mucho más esfuerzo del que en la actualidad se emplea para que la gente vote a “tutiplén” por web (aunque bendito avance), fue el órgano de expresión y contacto entre centenares de miles de trabajadores. A la cabeza de aquel periódico estaba “el auténtico” Pablo Iglesias (que no se me enfade el nuevo) y junto a él otro incansable tipógrafo llamado Matías Gómez Latorre. Fue a partir de entonces cuando se fundó la UGT con constantes reivindicaciones de partido y sindicato, como la lucha por la consecución de ocho horas de jornada y que los niños quedaran fuera del mundo laboral.

También en 1890 se aprueba el sufragio universal, y pese a ser de conocimiento público la corrupción del sistema por caciques y oligarcas, los socialistas deciden ir a elecciones municipales o generales a ver qué pasaba y de esta manera poder protestar con conocimiento de causa sobre los chanchullos, tergiversación de resultados y falsificación de actas que había que combatir, una larga etapa de lucha hasta la consecución de su primer éxito en 1905 al salir elegidos concejales por el Ayuntamiento de Madrid los socialistas Pablo Iglesias, Largo Caballero y García Ormaechea. El alcalde fue Alberto Aguilera, quien los recibió con palabras afectuosas, a las que “el auténtico” Pablo Iglesias contestó: “Los socialistas en el Ayuntamiento tenemos doble deber que cumplir. Como representantes legales del pueblo, hemos de velar por los intereses de todos. Como representantes de hecho de los obreros, hemos de mirar por los intereses de éstos”.

Hasta aquí llegamos. Nos extenderíamos demasiado con una historia de ciento treinta y cinco años. Pero nos valen estas palabras de don Pablo Iglesias “el histórico”, amigo de Unamuno, para señalar que en la génesis del Partido Socialista ya se encontraba, sobre todas las demás reivindicaciones, la preocupación por los problemas de los trabajadores. ¿Quién se ocupa hoy de los trabajadores? Llevamos perdidos cinco meses y vamos a perder un año sólo por las ambiciones políticas. Y el señor Errejón debería ser consciente de que ya tendríamos un gobierno progresista si lo hubieran apoyado tal como lo entendía aquel pionero Pablo Iglesias. 

¿Señor Errejón, si apartamos la socialdemocracia, qué postulamos por su parte? ¿El podemismo? ¿Y por parte del señor Rosell? ¿El sálvese quién pueda? ¡Todo es tan contradictorio...! Cómo se explica que una persona que no quiere a los comunistas fiche al comunista Garzón. ¿Qué queremos: ideas o votantes? Por otra parte, si el señor Rosell fue una de esas personalidades que creían firmemente en la Reforma Laboral y ésta ha traído más paro y más pobres con trabajo, cómo ni Iglesias, ni Garzón han respondido con contundencia a la presunta provocación del señor Rosell. ¿Importamos los trabajadores? Ya sé que han estado muy preocupados con las esteladas y con Venezuela, pero si su partido sigue actuando así no creo que llegue a centenario.

Nada más, señor Errejón, dicho por si usted nos escucha: No nos decepcionen con ambigüedades, mejor será que sean con sinceridad comunistas (ver: http://salamancartvaldia.es/not/116869/carmena-una-mujer-muy-natural/) que de plastilina. Ahora resignación y a la espera de “la santidad” del PSOE. Confíe en que ellos les darán los votos que ustedes les negaron. Y vuelta a empezar... Un saludo.

Fernando Robustillo
(Ex Tipógrafo)