Sábado, 16 de diciembre de 2017

A vueltas con la alcaldesa Carmena

Lo mío es un poco visceral, Ada Colau me repele pero su amiga del alma, la de los madriles, me gusta un rato que no Rato. Reconozco que desconozco las políticas municipales de ambas ediles porque no vivo en sus ciudades, pero viendo la prepotencia y torpeza de la alcaldesa de Barcelona, me quedo con los gestos de Carmena, que para eso uno es frívola hasta para la crónica política. Veamos… se la fotografía del bracete de Cifuentes divinamente amarteladas, punto número uno; dos, hace una macrocena en la Casa de Correos para los sin techo el día de Nochebuena –algo tan tradicional como poner un pobre a su mesa, estos modernos a veces resultan algo antiguos- y tres… se niega a utilizar las entradas VIP para todo evento transcendente al que invitan al Ayuntamiento. Me dirán que son todo gestos y que no voy más allá, pero es que desconozco los entresijos de la Operación Chamartín y no sé si la alcaldesa ha subido los impuestos municipales. Uno no habla de lo que no sabe y hasta le ha perdonado a la señora el espanto de cabalgata que perpetró en Reyes, la tontería de cambiar las calles, el quiero y no puedo de la memoria histórica y hasta lo de la Maestre y la bulla de los titiriteros… en fin… que como ven he hecho un recorrido de lo más naif sin entrar en más detalles porque… ¿Dónde están los grandes logros de los alcaldes nuevos? O los hay y no los saben explicar o verdaderamente tienen las manos tan atadas que sus buenas intenciones se quedan en meros gestos.

         Yo no estoy por la labor del politiqueo, la verdad, sería una gestora un tanto errática de decisiones personales porque me cuesta trabajar en grupo y no soy de delegar. Acepto mis limitaciones que son tremendas a la hora de hacer equipo y guardar secretos oficiales. En resumidas cuentas, que soy un verso libre a la que le gusta trabajar sola y comunico peor que el ministro Soria. Sería un auténtico desastre y seguro que una nepotista horrorosa… vamos, que no me diferenciaría mucho de alguno que anda por ahí con un cargo de la leche, de esos que, haga uno lo que haga, le suponen una pensión cuasi vitalicia mientras el grueso de la población nos tenemos que partir el pecho para recibir una hipotética paga que nos convierta en jubilados precarios. En fin, esto de la política es lo que tiene, más que el bien común atiende al bien futuro del fulano en cuestión, pero claro, la cosa se disimula con discursos bien medidos sobre la historia de España y hala, a chupar del bote que es de todos y todos tenemos derecho. La verdad es que estoy un poco desengañada de los unos y los otros y al igual que el resto del país, en sordina y con pocas ganas. Que se entusiasmen los políticos que les va el sueldo en ello, nosotros mientras, a trabajar y a comprobar cómo la cosa va de esteladas, Oteguis y hasta memos integrales metiendo y sacando dinero como si tal cosa… en fin. Mientras, hacemos balance de un año de nueva política y total, nos quedamos con meros gestos, con puras impotencias… o ciertos desconocimientos. Lo dicho, que el panorama a veces tiene las constantes vitales en sordina, verdaderamente.

Charo Alonso.

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez.