Lunes, 11 de diciembre de 2017

preparada para volar

El texto de hoy es un “corta pega” del discurso que mi sobrina Andrea ha escrito, junto con otros compañeros para despedir una etapa y darle la bienvenida a otra, no es la primera vez que le pido que me deje publicar lo que escribe, y si tiene un par de minutos léalo y entenderá porqué

Dice un proverbio africano: "para educar a un niño, hace falta la tribu entera". Pues bien, gracias querida tribu, con vuestra gran ayuda y nuestro esfuerzo hemos llegado hasta aquí. Recuerdo mi primer día de colegio, mi madre me quedó en la puerta. Sentí vértigo. Hoy, muchos años después tengo una sensación parecida. Puede que las paredes de nuestra casa -y me refiero a la escuela porque también podemos llamarla así-, hayan sido testigo de nuestras lágrimas, abrazos, besos, sonrisas, caras largas... Y es eso lo que permanece, lo que cada uno de nosotros hemos ido dejando a los demás, para que puedan aferrarse a ello o simplemente recordarlo, al igual que lo haremos nosotros cuando salgamos por esa puerta, finalizando esa gran etapa. Miro hacia los profesores y después de tantas batallas, siento gratitud. Conectamos con algunos más que con otros, pero todos merecen nuestro respeto. Hoy, valoramos su trabajo, y con los años aún más.

Quizá sea demasiado complicado denominar de algún modo, una etapa que nos ha ocupado tanto tiempo, y que tantos sueños nos ha permitido crear y sobre todo creer. Es cierto que ha llegado el momento en el que podemos decir que esta etapa, ha sido completada. A pesar de ello, es imposible parar de crecer cuando la que ha sido tu casa durante tantos años, te ha enseñado a nunca fijar metas que sean un final. Por eso, no podemos tratar esta despedida como un final, si siempre nos han hablado de principios.

Hemos sido autores de muchas obras a lo largo de estos años: exámenes, obras de teatro, canciones, postales, concursos, y hasta nos hemos inventado en algún que otro momento la receta del gazpacho, porque había que ganar sí o sí.

Al margen de todas esas obras de exposición, está la obra más sincera que hemos ido creando, nosotros mismos. Como toda obra, hemos necesitado alguien que nos conduzca en nuestros inicios, gracias papás y mamás, por vivir con nosotros las ilusiones de los primeros momentos y el sufrimiento de los últimos. Hasta hoy. Una vez iniciados en el camino, necesitábamos encontrar cuál sería el género en el que podríamos desenvolvernos de manera perfecta, y para ello, era necesario que nos presentaran qué posibilidades había ahí fuera, gracias a vosotros profesores, por hacer de cada materia estudiada, una forma nueva, y sobre todo más bonita ,de ver el mundo. Pero ahora, somos nosotros los que tenemos que volver a empezar. Por nuestra parte estamos seguros y tenemos confianza, porque durante nuestra permanencia en la escuela nos habéis llenado de valores, y lo más importante, nos habéis enseñado a decidir por nosotros mismos, algo que nos servirá para toda la vida. En estos años, no solo hemos contado con padres y profesores, también consideramos parte de la tribu al personal de limpieza, mantenimiento y portería, que han tratado lo esencial y cotidiano, con el mayor cuidado posible.

Son muchos los recuerdos que van a formar parte de nosotros y de los que habéis sido una parte fundamental. Es bonito saber que no vamos a desprendernos totalmente de nuestro hogar. Ahora, somos el resultado de todo lo que hemos sumado, porque eso es realmente en lo que podría basarse nuestra etapa aquí, en una suma. Una suma de sueños, de amigos, de clases eternas de las que el timbre nos salvaba, de recreos al sol a principios de mayo, la portería en la que marcamos nuestros primeros goles, los pasillos por los que algunas veces hicimos lo que no debíamos y tuvimos la suerte de que no nos sorprendiera algún profesor, o la mala de que sí.

Cómo no, las tostadas en la cafetería, que te dan la vida cuando se te ha olvidado la merienda, y también los cinco minutitos del final de la clase, en los que se habla de todo, menos de la asignatura. Todos los ratitos, nos han aportado tanto que ahora será raro no volver.

Son muchas cosas las que hay que agradecer y será difícil hacerlo sin olvidar hasta el más mínimo detalle. Gracias, por conseguir que SEAMOS, en colectivo y no por individual; representamos la palabra unión, con algunos más que con otros, pero sin olvidar en ningún momento que somos un equipo. Gracias también, por cultivar, no hablemos de personas especiales, porque de eso tenemos todos un poco, sino de vínculos; gracias por crear vínculos atados con doble nudo, de esos que si se cuidan pueden ser eternos. Para terminar, queremos dirigirnos a nuestros compañeros de viaje: el camino ha merecido la pena. y todos encontraremos nuestro sitio ahí fuera, porque nos lo hemos ganado y nos lo merecemos.

No hagamos caso a los que dicen que la juventud de ahora no vale nada, solo nosotros podemos demostrar todo lo contrario, y estamos seguros de que cada uno vamos a aportar algo de nuestra esencia, dejando huella en casa sitio que vayamos.

Todos queremos llegar a final, para ver qué pasa cuando acabas, qué te llevas y qué cambiarías si pudieses volver atrás; pero cuando ese momento llega, en lo único que piensas, es, en cómo decir adiós, o simplemente hasta luego, a la etapa de tu vida que ha construido en su mayoría, lo que hoy eres como persona.

Por eso, "volad alto, volad tranquilos"