Martes, 12 de diciembre de 2017

La casa por barrer

Columna “El hombre que habla con sus zapatos” edición salmantina de EL NORTE DE CASTILLA, martes 10 de mayo de 2016.

Le oí a mi abuelo - o a otro ancestro de estos tan socorridos para lanzar los dichos como si vinieran de probado oráculo- que cuando tuviera una cita importante me presentara bien afeitado, con los zapatos espejados, y, sobre todo, en su justo tiempo.

Y en esas me ando cuando acudo a la primera cita de esta columna. Me siento muy feliz –le diría yo a mi abuelo si me pudiera oír- de que mis letrillas recalen en el rotativo Decano de la Prensa Española, en su edición salmantina, y me gustaría tener ahora a mano consejo de alguno de sus sabios directores, como Miguel Delibes o José Jiménez Lozano; o de alguien como el maestro Francisco Umbral, que tal vez se vio también  párvulo por sus primeros párrafos.

Pero sea, que ya tengo mis barbas en remojo listas para el rasurado y cepillo mis zapatos despertándoles su azogue para ir a tu encuentro, paciente lector. Siempre he procurado hacer la limpia del calzado en la amanecida, cuando me ando con el ánimo más adámico. Es este el momento en que mejor reflexiono sobre los sucedidos inmediatos, o lejanos, y conjeturo sobre lo que creo que vendrá, y de ahí el título de la columna.

Por ejemplo, ahora los vaivenes de mi mano sobre el cuero me dicen que los unos por los otros, nos han dejado la casa por barrer. Me refiero a la casa política, esa en la que vivimos, pero cuyas llaves solo disponen unos pocos; la de gran pórtico, muchas puertas traseras, ratoneras, rotatorias y una de servicio por la que entramos los demás. Es, ya se sabe, una mansión con anchas alfombras debajo de las cuales, quien más o quien menos, guarda sus pelusillas.

Nos vamos a elecciones de nuevo - pienso al pasar ya el paño por el reflejo de mis zapatos - que hemos asistido al fracaso de nuestros representantes y de nuevo a los que les va a tocar barrer las estancias comunes  el próximo junio es a los de siempre. Lo bueno que nos queda es que ahora ya sabemos de qué pie cojea cada uno, y eso, para las andadas en común, es muy propicio, no como en diciembre que nos andábamos en suposiciones que han resultado, por lo demás, más que atinadas.

Aunque a toro pasado, ya se sabe…