Lunes, 18 de diciembre de 2017

La mentira otra vez como forma de hacer política

Llevamos unos meses durante los cuales la realidad desmonta la sucesión de falacias y mentiras que gran parte de la ciudadanía española había decidido creer. Que los sacrificios realizados hasta el momento por la mayoría, que depende de un sueldo, son pensionistas o se llaman autónomos o emprendedores, no han servido para nada. Como ya esperaban los expertos que no actúan como paniaguados del actual modelo económico en descomposición.

Hablo del déficit del Estado, argumento para todo tipo de recortes sociales pero no para acabar con el fraude y la corrupción. Y del crecimiento de la deuda del Estado, superior a lo que somos capaces de generar económicamente en un año, y que no sabemos en qué se ha gastado (curioso que con Aznar también creciera). A pesar de reducir la inversión en sanidad, educación o servicios sociales, que no en armas por ejemplo. Y eso que la derecha es un buen gestor económico, a pesar de que nuestra historia desmonta este mito.

Hemos pasado más de cuatro años, y los que venían de antes, haciendo y soportando no se sabe muy bien qué para que al final debamos más que nunca, con el paro más alto, una tercera parte de los españoles bajo el umbral de la pobreza y gran parte del resto pierda calidad de vida, o se marchen los más jóvenes del país como en los años 60, o en el siglo XIX. Mientras una ínfima minoría acumula más riqueza, que es de lo que trata la supuesta crisis, y allegados al poder explotan sin rubor las “ventajas” de la corrupción. Y digo sin rubor puesto que el partido político “en serio”  también está imputado, la multiplicación de casos relacionados con él lo asemejan más a una trama organizada para ello. Incluso hemos de soportar al mandamás de la Patronal afirmando que “el trabajo «fijo y seguro» es un concepto del siglo XIX”. Tanto que entonces apareció el movimiento y la lucha para conseguir sueldos y trabajos dignos, no logrados hasta la segunda mitad del siglo… XX. Se le olvidó añadir que más bien el modelo económico actual se asemeja al del siglo XIX.

Pero esto se sostiene porque tiene demasiados cómplices, 7.215.752 según las últimas elecciones generales, sin contar a su marca blanca. Gente dispuesta, al parecer, a creerse cualquier cosa con tal de mantenerlos en el poder, aunque para muchos sea tirar piedras contra su propio tejado. A pesar de los reiterados fracasos de la derecha para conseguir que el país sea más justo, más solidario y quienes lo habitan vivan mejor. Que les mientan continuamente no es un problema, incluso que sus dirigentes reconozcan ignorancia o incompetencia con frecuencia. El último video del PP, que habla de colocar a familiares o subirse sueldos, es un magnífico ejemplo del dicho ese de creer que todos son de su condición (no sé por qué se me vino a la mente Mañueco o Iglesias).

Nos encontramos ante unas nuevas elecciones dado que el partido que lo observa todo con complacencia (con una S en sus siglas cada vez más incomprensible) no quiso que, de verdad, se gobernara España de otra forma. Pero el problema no son los millones de parados o en la pobreza, son los comunistas, o los extremistas, o los radicales (irónico si se busca su significado) que vuelven. Aunque nunca han gobernado el Estado, y difícilmente los podemos comparar con quienes dejan a cada uno de los españoles una deuda per cápita de casi 24.000 euros.

Lo de sentarnos a repensar el país con responsabilidad, a cambiar las reglas de juego para conseguir otras más justas para todos, no es importante. Sí en cambio Venezuela, con su dictadorzuelo de pacotilla con el que no tuvieron problemas en tratar con armas por medio, o la bandera independentista catalana. Qué facilidad tienen para desviar continuamente la atención, y que necios somos los demás que se lo permitimos.