Domingo, 17 de diciembre de 2017

La CajaDuero de Pandora

Confieso que es un tema que en sus aspectos técnicos –económicos, comerciales, laborales, políticos…- me desborda del todo, pero eso no impide que se me llene la cabeza de preguntas y el corazón de graves sentimientos. Me refiero a la vida y la muerte de Caja Duero, que en estos días llena de zozobra los días y las noches de miles de salmantinos. Por eso no me parece desacertado aludir en el título a aquella caja, odre o arcón que por frivolidad abrió un día Pandora y extendió la confusión por toda la tierra.

Impresionan los hechos. ¡Quién te ha visto y quién te ve! Fueron días de rosas y de gloria. Honores y reconocimientos para todos, inversiones sin miedo y sin cuento, el manto protector de la Caja cubría casi todo, desde el concierto más sencillo hasta los préstamos a gusto del cliente emprendedor  pasando por la  exposición más ambiciosa o por cualquier acontecimiento deportivo. “La Caja” – Caja de Ahorros y Monte de Piedad, Caja de Ahorros de Salamanca, Caja Salamanca y Soria, Caja EspañaDuero, Banco de Caja España de Inversiones, Salamanca y Soria, S.A. (Banco CEISS) – lo era todo. Aunque había de todo, que un mal día por entonces dije yo en mal lugar y peor momento que la Caja ya no era Monte de Piedad, sino Monte de Dinero y fui bancariamente castigado.

Y al frente de su administración y de su estrategia económica estaban las personalidades más relevantes de todo el arco iris provincial sin que faltara representación de ninguna institución salmantina. En algún momento, cuando empezaron a notarse algunos síntomas de la deriva posterior, corrían leyendas urbanas sobre cobros de sueldos y entrega de altas dietas sin razón a cambio de casi nada.

 Pero nadie decía nada, la ciudad callaba y la provincia guardaba temeroso silencio.

Comienza un progresivo derrumbamiento con pasos atrás y huidas hacia adelante, con entreguismos y acuerdos de cautela, con cambios de imagen y con disimulos de la situación, pero el equilibrio se  hace imposible y todo acaba malvendido o como se diga técnicamente el fenómeno.

Pero nadie decía nada, la ciudad callaba y la provincia guardaba temeroso silencio.

Y ahora se nos echa encima esta situación actual cargada de incertidumbre y desconcierto. Cientos de salmantinos sin saber qué hacer y con pocas informaciones sobre qué harán con ellos; si te quedas en los alrededores o si tienes que irte, pues quieres seguir trabajando, a Cubilete de la Sierra sabe Dios dónde. O ni una cosa ni otra porque no está tu situación para ninguna de las ofertas. Y además, a tus años ¿qué?  Y así cientos de empleados y miles de familiares y amigos que están tan dolidos como ellos. Y esto a pesar del preacuerdo con Sindicatos y del alargamiento de la pesadilla hasta dos años y medio.

Pero nadie decía nada, la ciudad callaba y la provincia guardaba temeroso silencio.

Pues a esto venía yo, ¿cómo es que no se escuchan voces, sea en la dirección que sea? ¿Qué o quién tapa la boca?  ¿O no la tapa nada ni nadie y la ausencia es pasividad de provincia indolente y de población adormecida?  Todas las referencias morales, desde la Iglesia y sus instituciones hasta los maestros de pensamiento libre y honestidad pública, han mirado para otro lado o no han visto la quiebra anunciada. O era mejor, quizás, callar para no provocar.

Lo cierto es que nadie decía nada, la ciudad callaba y la provincia guardaba temeroso silencio. No pienso en las causas que han provocado todo esto, porque es otro tema para el que no tengo la suficiente información y menos aún formación (a pesar de leer cada semana el suplemento económico de El País), hablo sólo del grave silencio de tantos y de la dolorosa incertidumbre en la que viven hoy miles de salmantinos.

Y se me viene a la memoria la expresión de Don Miguel (de Unamuno) al hablar de los cementerios: “corral de muertos” y la misma expresión en boca de Don Olegario (Glez. de Cardedal) hablando de estos lugares nuestros, desde la Lastra del Cano hasta Valsalabroso, por decir dos lugares extremos. Sin olvidar que el dicho corral de cosas muertas (gentes, empresas, ideas, iniciativas, comercios, iglesias, colegios, etc…) pasa por la calle Zamora y la Avda. de Mirat, por Peñaranda y por Béjar y atraviesa de lado a lado la provincia entera desde Cabeza de Framontanos hasta Gallegos de Solmirón y desde Tarazona de Guareña hasta El Payo.  Un inmenso corral de muertos, con todas las salvedades. Que alguien que sepa más nos explique las causas y los porqués.

Pero nadie decía nada, la ciudad callaba y la provincia guardaba temeroso silencio.

Y es inevitable que te vengan recuerdos y referencias y te acuerdes de aquello, tan valiente en aquel tiempo, del profeta Amós  (6, 4-6) “os acostáis, os arrellenáis, coméis, canturreáis, bebéis y no os doléis del desastre del pueblo”.  Parece algo exagerado, sin duda, pero el tiempo, que quita y da razones, lo dirá. Sin olvidar que de estos polvos vendrán muchos lodos. Inevitable.