Viernes, 15 de diciembre de 2017

Habrá que intentarlo.

Se hace una eternidad el tiempo que llevamos en campaña electoral. Lo que no me supone, a diferencia de lo que algunos medios dicen, el menor de los hartazgos. Al revés, estos tiempos me suscitan un enorme interés. Pienso que existen, al respecto, dos puntos de vista. El primero, ve posible recuperar aún los fastos perdidos. Es decir, empleo a mogollón, salarios de los “de antes” y hasta una, nunca habida, inmaculada honradez en el quehacer público y empresarial. Para lograr tal objetivo, opinan, basta implementar “profundas reformas”. Reformas que sólo podrán ser llevadas a buen puerto por los partidos “con experiencia de gobierno”, es decir, “los históricos”. No obstante, estas dos agrupaciones, curtidas en mil batallas (particulares), también admiten, en la magna tarea regenerativa, a los “ciudadanos protestantes” a título de colaboradores. La “gran coalición”, en esta segunda vuelta, se cierne en el horizonte. Las discrepancias, entre ellos, se exageran en atención a sus votantes. Así, a unos les mola más las mechas, a otros la permanente y a ninguno un drástico corte de pelo. En eso, todos ellos están de acuerdo. Deseo equivocarme. En resumen, un mensaje alentador e ilusorio dirigido a una senectud, y no tanto, acomodada. El segundo punto de vista difiere de tal diagnóstico. Diagnóstico hecho desde lo particular a lo general y no al revés. Es decir, desde la calle, los recortes, el paro, la precariedad, el desahucio, el inmenso cabreo que suscita la arrogancia y el desparpajo exhibidos por tanto “histórico” chorizo. Tiempo atrás, los que así piensan, eran su mayoría analfabeta y poco informada. Hoy, sin embargo, no es así. Los más son universitarios, profesionales cualificados o pequeños y medianos empresarios. En fin, gente “leída” y “escribida”.  Debido a ello, estas muchísimas personas, saben que en asuntos económicos nuestros gobiernos de turno carecen de capacidad de decisión. Son conscientes del imparable deterioro de la democracia representativa. Sufren el progresivo desmantelamiento del estado de bienestar y la restricción de las libertades públicas.  Sufren, sufren mucho y no se ven representados. De ahí el 15M, que hoy, viva el cinismo, los “grandes medios” quieren incorporar como otra seña de la “marca España”. Diría: señuelo para pescar incautos. La historia está pasando página. No sabemos aún, si para bien o para peor. Exorcizar o aminorar lo pésimo depende sólo de nosotros. De ahí estas pequeñas alegrías que nos trajo la calle insobornable. Quizás los poderes fácticos terminen con esos movimientos ciudadanos y las nuevas coaliciones electorales, como hicieron con Syriza. Pudiera acontecer lo contrario. O sea que, en unos pocos años, los españoles decidan prescindir de los de rulos, mechas y permanentes y se decidan por un buen corte de pelo.