Lunes, 18 de diciembre de 2017

Fotografiar (Grabar la luz)

 

 

 

Tener ojo fotográfico es la capacidad de prever la foto cuando es buena. Esto es,  se trata de desarrollar la habilidad de prever una foto buena, pensar en ella e imaginarla antes de apuntar con el objetivo de nuestra cámara, en definitiva, tener un ojo fotográfico muy desarrollado significa transformar nuestra cámara en una extensión de nuestro cuerpo y cerebro, significa convertir nuestra cámara en una extensión de nosotros mismos, sólo así buena o mala la cámara no es el elemento primordial de la fotografía.

Si lo son: el tiempo, la luz y el instante fotográfico, aquel que Cartier Bresson llamó el “instante decisivo”.  La captación de la luz es lo esencial en lo fotográfico y no el mimetismo de la realidad, que ha dejado de tener su esencialidad. La fotografía es ante todo huella de luz (foto-grafía), lo que se graba es la luz, que se parezca o no a la realidad eso es una mera posibilidad.   El tiempo o corte tendría el equivalente al ‘tempo’ de la música durante el cual se capta la luz de los objetos, se elimina su información y se da forma a la luz, creando una imagen que únicamente va a existir, a partir de ese momento, como objeto fotográfico. Su referencia se encuentra ya en lo introspectivo, en lo sensorial, en lo emocional o en lo poético entendido como revelación. Como decía Antonio Gamoneda: “mis propias palabras están siendo revelación de lo sentido”. Entonces la imagen solo existe como objeto fotográfico, cuando se hace función de lo sentido o de lo vivido, se humaniza el acto fotográfico, se hace único y exclusivo. Así es, el resultado fotográfico es una respuesta desde esa realidad interna, una especie de electrocardiograma —o como dice José Isla ‘caligrafías de las emociones’ de ese momento vivido; una revelación interior.

 

Toda obra para el artista tiene un proceso de orden técnico, intelectual, vivencial, emocional, experimental…, que el espectador no ha vivido pero que el creador introduce en su obra. Para que una obra emocione, tiene que estar cargada de vida, de emoción, de experiencias. El creador introduce todo eso que el espectador no tiene por qué haberlo vivido,  aunque al final toda obra concluya en él, que tendrá que apropiársela según le convenga, descubriéndola según su propia predisposición, conocimiento, o estado de ánimo.

 

Yo pienso que la fotografía cuando es universal, como con la poesía, si es sincera y auténtica va a ir soltando y quien la disfrute la irá asumiendo, en principio, de una manera emocional, pero con el tiempo ira entendiendo las claves del autor y participando de ese mundo creativo que al final les enriquece a ambos.


Alguien dijo que cuando comtemplas la obra de un gran artista, (fotografía, poesía música….) te deja tan tocado que ya nunca más serás el mismo. El leer una buena poesía, escuchar un concierto…te marca positivamente para siempre.