Miércoles, 13 de diciembre de 2017
Béjar al día

Día Grande en El Castañar con la Romería de los Paporros

BÉJAR / LA GARGANTA | Fiesta en recuerdo al descubrimiento de la imagen de la Virgen del Castañar a unos pastores de La Garganta

Hoy, como cada lunes de Pentecostés, se celebra la Romería de los Paporros, en la que los vecinos del pueblo de la Garganta conmemoran el día en honor a la Virgen del Castañar, cuya imagen fue descubierta por unos pastores de esa localidad, debajo de un castaño.

La romería comienza a primeras horas de la mañana cuando a ritmo de tamboril se convoca a los nativos del pueblo para que tomen sus caballos y salgan corriendo a galope hacia Llano Alto, desde donde parten en procesión hasta la última curva antes de llegar a El Castañar, lugar en el que les espera el Alcalde de Béjar, su Corporación Municipal y los Padres Teatinos, para hacer el cambio de varas con el Alcalde  de la Garganta y continuar después la procesión hasta el santuario, donde se celebra la Santa Misa.

Al finalizar la eucaristía se realiza una comida campestre y por la tarde los Alcaldes suben al camarín de la Virgen y los fieles cantan La Salve.

A la romería, además de las autoridades de Béjar y La Garganta ha asistido la presidenta de la Diputación de Cáceres, Mª del Rosario Cordero y el abad de la Garganta José Ignacio Olleros.

Historia

En la Historia de la Imagen de Nuestra Señora del Castañar, del monje franciscano Fray Francisco Yagüe, de 1795, citando un antiguo legajo que había estado en poder de Francisco Pérez de Sotomayor, capellán del Duque de Béjar y recogido por Diego de Siva en 1671, narra cómo el 25 de marzo de 1446 Joaquín Pérez, nacido en La Garganta y su mujer Isabel Sánchez, descubrieron la figura de una virgen con un niño en brazos, enterrada a los pies de un gran castaño, que había servido de refugio a su ganado.

El hallazgo se produjo cuando Béjar y su comarca se encontraban aquejadas de una terrible peste, por lo que los vecinos cortaron ramos del castaño con los que sanaron a los apestados, hasta dejar el árbol sin tronco ni raíces,  para guardarlo también como reliquia.

Joaquín e Isabel, cumpliendo el mandato divino, vendieron su hacienda y recogieron limosnas con lo que construyeron una capilla en el lugar donde hoy se alza el santuario y el ocho de septiembre colocaron en ella la imagen y se celebró misa por primera vez.