Martes, 12 de diciembre de 2017

No es el 77, es 2016

Con estas cosas tan para la galería –creo que le dicen postureo–, hoy por hoy solo parecen aspirar a una quinta parte de la cámara; puede que se carguen a Sánchez, el hombre tiene tantos “amigos” dentro buitreando que lo veo factible, pero no creo que “puedan” mucho más.

El poema adjunto, el de la foto, ya lo he usado en otro artículo; lo escribí, por si sirve el dato, por ahí de 94 o 95, cuando vine a México…

Lo cuento porque, el otro día, cuando oí –el canal 24 horas de TVE lo puso, hasta con subtítulos, qué mala leche–, en audio “robado” de un abrazo de Anguita a Iglesias, me puse triste, qué quieren. Bueno, triste y poéticamente cabreado.

Estas nostalgias están bien para el corazón y la poesía, pero ya nos había dicho Gabriel Celaya, mucho antes del 77, que la poesía era “un arma cargada de futuro”.

Soy del bando de los perdedores, suelo elegirlo; también es algo que he escrito en un poema; soy uno de esos eternos cabreados –hasta mi madre dice que cuando hablamos por teléfono la riño– pero sé en qué día vivo.

Como sé, también, que la España del 77 era peor que la de hoy, aunque nosotros, los de entonces, ya no seamos los mismos.

Después del 77 yo pude votar, saber que tenía una Ley de todos y para todos: tan de todos es que hasta protege a los anticonstitucionales; fui representante en la Universidad, desde en mi clase hasta en la Junta de Gobierno, elegido por los alumnos –mi ego quiere imaginar que también por alguna alumna, pero me niego al “los y las”–; en el 77 había asesinos a diestra y siniestra… En 2016, también, pero allá –no olviden que escribo desde México–  pocos y arrinconados, los defienden menos y, desde luego, nadie con un mínimo de decencia; ahora les llegan aparentemente de fuera, algunos… aunque en realidad, se fraguan muchos dentro, en la comodidad que dan por hecha y ante maltratos y faltas de expectativas que ahí están, sería absurdo negarlo. Aquí en México el narco es otra historia.

Después del 77 pude votar por Anguita, y desencantarme de que el señor hablaba muy progre pero, en realidad, parecía preferir que gobernara Aznar a que lo hiciera el PSOE…

Mira, igual que su contraparte del abrazo; porque sí, con estas cosas tan para la galería –creo que le dicen postureo–, con estas nostalgias descontextualizadas, puede que lleguen a gobernar, pero hoy por hoy solo parecen aspirar a una quinta parte de la cámara; puede que se carguen a Sánchez, el hombre tiene tantos “amigos” dentro buitreando que lo veo factible, pero no creo que “puedan” mucho más.

Sin embargo, este que escribe, vio el acuerdo de Sánchez y Rivera como una posibilidad de construir algo nuevo, de darle fuerza a un centro-derecha, para mí, mejor que el que hay, de cambiar para una gran mayoría, de no perder lo conseguido.

Soy “gente” y a mí, discúlpenme, podemitas, no me representan, por cierto; y en tanto que gente, individuo intrascendente, sé que si sigue gobernando Rajoy, no voy a perdonar a su “movimiento”, esa especie de partido tan democráticamente estalinista que quiere, ya lo escribí una vez, no ganar las elecciones, ni siquiera dar el mentado sorpasso, sino volver al 77… O hasta antes, a ganar la guerra, tal vez…

Esto no es un artículo; es, más bien, algo así como…

Lean el poema.

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