Jueves, 14 de diciembre de 2017

La bombona de butano costará un 32% menos que hace un año

El martes bajará un 5% de precio gracias al superávit acumulado del sistema, que no permite descensos mayores

Los ocho millones de consumidores que aún cocinan o se calientan gracias al tradicional gas butano están de suerte. La popular bombona pasará a valer esta semana entrante un 32% menos que hace poco más de año.

A partir de este martes está previsto que su precio baje hasta los 11,85 euros, en comparación los 17,5 euros que se pagaban por ella en marzo de 2015. En términos relativos, el descenso respecto a su tarifa oficial todavía hoy vigente (12,46 euros) es del 4,9%, rozando el máximo que permite el sistema. De hecho, este ya se alcanzó en la anterior revisión bimestral, cuando el coste se abarató otro 5%.

La tónica es similar desde hace prácticamente 14 meses, exceptuando la subida del 3% que se produjo en enero por el encarecimiento de las materias primas, uno de los factores que más pesan en el precio final junto a las cotizaciones en los mercados internacionales, el tipo de cambio de divisas y el coste del flete (el transporte). Algunos de esos elementos han seguido subiendo después, si bien el superávit acumulado por el sistema los ha podido compensar con creces.

Tanto es así que los expertos estiman que, salvo sorpresa negativa, en la siguiente revisión de tarifas volverá a producirse otro descenso. Esa nueva modificación se registrará el 20 de julio y dependerá mucho de cómo cotice entonces este gas licuado del petróleo. De momento, coger una bombona saldrá 5,6 euros más barato desde mediados de esta semana. Hablamos del envase más usado, con una carga de entre ocho y 20 kilos.

Uno de cada tres hogares

Según los últimos datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (corresponden a otoño de 2015), uno de cada tres hogares españoles –el 33,6% de los 18,3 millones registrados en España al cierre de 2015, según el INE– utilizan todavía butano frente al 49% que tienen gas natural. Otro 11,1% emplean gasóleo y el 2,5% se inclinan por el gas propano.

El motivo de esa fidelidad al butano es fundamentalmente económico. La llamada pobreza energética ha hecho que los hogares con menos recursos vuelvan a la bombona porque les permite controlar más su consumo y el coste resulta relativamente reducido.