Martes, 12 de diciembre de 2017

Mirar ‘la mirada’

Comentario sobre la exposición “Ambos”, de Ángel Luis Iglesias, en la Sala de San Boal, abierta hasta el 29 de mayo

 

La actividad del ojo puede dividirse en mirar y observar. Mirar es una actividad del ser humano, la observación empieza allí donde concluye el mirar; conduce a disfrutar de las "imágenes" descubiertas por la mirada.

En la primera fracción de segundo que observamos a alguien, a menudo, nuestra mirada se ajusta directamente a sus ojos, en un intento de descifrar quién y cómo es. Los ojos, con frecuencia comunican verdades sobre un individuo y sobre su alma, que no puede ser penetrada por  el lenguaje humano. Hay miradas que cuando miran son hirientes y lastiman en cambio hay otras tan serenas que consuelan y acarician.

“Ambos”, la exposición de Ángel Luis Iglesias se puede decir que tras la representación de personajes es una exposición de miradas. Ellos, los retratados, nos miran desde su espacio nosotros miramos y en ambas miradas hay un gesto de intimidad y de ejercicio cinematográfico: “Mirar, la mirada”, plano y contraplano , el que mira y el que nos mira, una complicidad que Iglesias ha sabido dar a sus personajes y que él mismo interpreta a través de su mirada.

La exposición es un juego laberíntico en el que podemos perdernos varias jugadas observando y adivinando a los personajes. No hay guía para el juego, no hay nombres, en el ejercicio de la mirada hay mucho de interrogante, porque si bien hay personajes que forman parte, casi, de la vida diaria hay otros que para muchos de los que asistimos a la exposición nos resultan desconocidos, hasta que alguien por allí comenta quien es y en qué película pudimos haberle visto.

Ángel Luis resulta un gran retratista, en sus retratos se refleja la personalidad de los retratados, si profundizamos más es probable que nuestra visita a la exposición se haga interminable o recurrente porque no nos deja impasible, cada mirada es la fascinación de un sueño y como dije al principio unas miradas son inquietantes, desafiantes, que estremecen, otras serenas que consuelan y acarician, pero todas terminan acercándose al alma de los espectadores que saben participar del juego de “mirar, la mirada”.