Lunes, 11 de diciembre de 2017

Epidemia Silenciosa

Nuestras actividades de la vida diaria se asocian cada vez más al ruido molesto y a veces patológico convirtiéndose en un factor de riesgo que está tan presente y generalizado que forma parte de nuestro vivir diario. Actualmente, dada la prevalencia de la hipoacusia y la sordera, el ruido se ha convertido en un reto para la Salud Pública, es una epidemia silenciosa. Su impacto es importante porque cada vez existen más personas con presbiacusia, sordera asociada a la edad y al envejecimiento; aparece a edades cada vez más tempranas y se ha convertido en un problema social pendiente de resolver. No sólo implica una disminución en la capacidad de percibir los sonidos, también provoca una menor capacidad de entender lo que se oye por el envejecimiento de los centros auditivos en la corteza cerebral, responsables de reconocer lo que se oye. Todo ello altera el Bienestar y la Calidad de Vida de la persona que lo sufre, dado que oye pero no entiende y, en bastantes ocasiones. lo audífonos no pueden resolver la situación porque sólo son amplificadores del sonido.

El ruido es por lo tanto, un factor de riesgo para nuestra Salud y nuestra Calidad de Vida, hasta tal punto que supone una carga que admitimos como normal cuando está en nuestras manos reducirlo y evitarlo. La exposición prolongada a un ambiente ruidoso por encima de una determinada intensidad ocasiona a medio y largo plazo un deterioro de la audición y/o sordera de percepción que no tiene tratamiento médico, salvo los audífonos y los implantes cocleares.

España es uno de los países con mayores niveles de ruido, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el segundo del mundo. El tráfico, los trenes, los aviones, las discotecas y las actividades laborales y de ocio son con excesiva frecuencia productores de ruido excesivo Por otra parte, existen hábitos que  también lo conllevan, como son: el uso de reproductores de música con auriculares a volúmenes elevados, los altos niveles de ruido en bares y cafeterías donde parece que existiera una competición para hablar más alto, la utilización del claxon de los coches, el hablar a voces por las noches, etc. Todo ello hace que los problemas de audición que antes eran frecuentes y característicos de personas mayores de 60 años se adelanten una o dos décadas. Además de la sordera, el ruido también es fuente de estrés, cefaleas, alteraciones respiratorias y enfermedades cardiacas.

La sociedad necesita sensibilizarse de este riesgo y afrontarlo con Educación. Pueden disminuir significativamente sus niveles dado que la mayor parte de los ambientes ruidosos están determinados por las actividades humanas y por lo tanto, su reducción y control está en nuestras manos. Evitar hacer ruido y sobretodo reducir su intensidad para no ser molestos debe formar parte de nuestra forma de afrontar este reto de la Sociedad actual. Debemos seguir avanzado y hacerlo en ambientes más silenciosos para mejorar la calidad de nuestra vida diaria.

Evitar el ruido y los ambientes ruidosos constituye, pues, uno de los mayores retos de la Salud Pública de las sociedades avanzadas y modernas como la nuestra, dado que permite convivir y vivir saludablemente con mayores posibilidades de tener un envejecimiento sin incapacidad sensorial, que aparece con los años. Es un reto más que debemos afrontar mediante un estilo de vida saludable individual en un contexto comunitario que ponga en valor la Educación y la Salud

 

JAMCA