Domingo, 17 de diciembre de 2017

Nos toman por esTTIPidos

Están negociándose las condiciones, en el más absoluto secreto, para la aprobación del Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión, vulgarmente conocido como TTIP, un tratado de libre comercio entre EEUU y la Unión Europea, del que, lo único que se sabe, es a través de filtraciones. El objetivo oficial es el de incrementar, agilizar y liberalizar el comercio entre ambos continentes. No es algo nuevo: se llevan firmando tratados, sean de apertura comercial, o de armonización de legislaciones, desde los años 90. Pero, es a partir de 2011, cuando se crea un Grupo de Alto Nivel para estudiar cómo reducir al máximo los problemas de las transacciones económicas y de inversión, a la vez que se pretende incrementar el crecimiento.

Que no seamos tontos, nos dicen, que va a ser una fuente de riqueza y empleo, argumentan sus partidarios, que creará un potencial mercado de 800 millones de personas, que verán cómo las tasas aduaneras desaparecen, igualando las barreras normativas existentes hoy en día. Eso sí, inclinando la balanza hacia la legislación norteamericana, mucho más laxa en multitud de aspectos, todos ellos muy delicados, y dejando aparte a la propia ciudadanía europea: si es un acuerdo de teórica gran transcendencia, deberían informarnos bien sobre él, si bien está ocurriendo todo lo contrario, pues, excepto contadas filtraciones, todo se está negociando en el más absoluto de los secretos y a espaldas de los ciudadanos.

Unos recelos que comparten numerosos economistas, incluido el Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, pues dicho acuerdo “se desmarca de las regulaciones sobre el medioambiente, la seguridad, la economía y la salud”. Entre esos temas “delicados” se encuentra la normativa sobre productos cosméticos, que poseen una política mucho más restrictiva sobre la experimentación con animales, o los transgénicos, con poderosísimos lobbys encabezados por Monsanto, plenamente implantados en Estados Unidos, pero que aquí tienen escasa acogida.

Otro aspecto importante es el de la salud, ya que aquí, en Europa, no es posible comercializar ningún producto que no haya sido suficientemente testado desde el punto de vista de la seguridad. Y, entre estos productos se encuentran compuestos tan delicados como los pesticidas, o las hormonas para el ganado, que disminuirían su exigencia sanitaria. Siempre haciendo de su capa un sayo, EEUU nunca ha suscrito los convenios más importantes sobre trabajo, lo que hace pensar que también van a exigir la reducción de los derechos sociales, tan duramente conquistados. El “neoliberalismo salvaje” ya está aquí… a menos que consigamos pararlo.