Martes, 12 de diciembre de 2017
Las Villas al día

Cortar tradiciones

Por Rodrigo Del Castillo Medina, joven de 29 años, ‘speaker’, presentador y natural de Villoruela

Podría buscar versos, rimas, metáforas, etc. en las que mostrar la rabia que me da cada dos de mayo al levantarme en mi pueblo, aunque creo que ocurre en alguno más.

Desde hace más de doce años que se ha implantado una rutina que detesto y no soy yo ningún santo, pero cuando me despierto dicho día y salgo a la calle oigo: "ya cortaron el mayo" pienso en todas las quintas que quedan por disfrutar de esta festividad y que si se sigue con la maldita rutina de los "valientes" de turno puede que ya no la disfruten.

Recuerdo la primera vez que ocurrió en Villoruela, fue algo casi trágico, dolió como si fuera un crimen, sin embargo ahora sabes que el día uno de mayo "los quintos" de diecinueve años plantan el "mayo" terminando su fiesta y que al alba del día dos yacerá tronchado en el suelo, con la normalidad del mundo y me niego a asumirla.

Todos los que hemos pasado por esa festividad, la disfrutamos como un acontecimiento clave en nuestras vidas, con el sentimiento que desde entonces te haces mayor, aunque no lo seas. Esperas desde un par de años antes esa fecha de carnaval junto con el treinta de abril y uno de mayo, para correr las cintas, festejar el momento animar con megáfono, música, pastas, limonada... y acabar plantando con sudor y esfuerzo el "mayo", con las cintas atadas en la copa.

Yo desgraciadamente sufrí la "valentía" de unos cuantos después de estar sudando durante más de seis horas para ponerlo en pie con la ayuda de mucha gente y con la ilusión de veintidós chicos y chicas que sentían haber dado un paso más en su vida de pueblo y tradiciones. Pero por suerte también sufrí la cabezonería de una quinta entera  de chicos y chicas que decidieron levantarse al día siguiente y poner otro "mayo". Desafortunadamente eso ya no se puede hacer porque hay un hombre que regala un "mayo" cada año, pero que ya no está dispuesto, con toda la razón, a regalar una viga más y que acabe tronchada de nuevo.

A los "valientes" les digo que yo también hice cosas mal, travesuras de pequeño, gamberradas de joven, etc. pero jamás pensé nunca en cortar tradiciones, porque son mi raíz, son parte de mi pueblo y del de muchos de los que ahora estáis leyendo ahora esto, y eso es lo que están haciendo ellos, cortar tradiciones, dejar sin vivir la experiencia de una fiesta con décadas de historia y que nos singulariza de algún modo  frente al asfalto y ladrillo de la gran ciudad.

No servirá de nada, pero el "mayo" que cae tronchado cada año, no es solamente un "mayo" menos sino que también es un año menos de vida que le queda a la festividad de "los quintos". En vosotros está.