Viernes, 15 de diciembre de 2017

Coronarias atléticas

Está sin investigar y sin publicar pero me atrevo a afirmar, a propósito de millones de casos, que los colchoneros tenemos unas arterias coronarias diferentes, fruto de tanto derrochar “coraje y corazón”. Por las de los barcelonistas fluye el mejor fútbol que en el mundo ha sido, las de los madridistas desembocan (casi) siempre en tediosas y frías salas de trofeos, y a los unionistas se nos secaron un 18 de junio de 2013, aunque ahora, por el camino más áspero, soñemos con volver a las estrellas: “… es latir de corazones si el equipo mete gol”.

 

Las coronarias atléticas son dignas de estudio. Se obstruyen y se ensanchan a cada borbotón de fútbol. Cuando Oblak saca una mano milagrosa se contraen hasta estirársela un poco más. Cuando Griezmann arranca hacia la portería rival, se distienden aumentando su velocidad de crucero. Bastaría poner unos puestecitos de hemodinámica en el entorno del Vicente Calderón a la salida de un partido para salir de dudas.

 

Por la coronaria derecha se apresuran las diez ligas y las diez copas, la Recopa del 62, la Intercontinental, las dos Ligas Europa con sus Supercopas correspondientes, el doblete del 96, el “Godinazo” del Nou Camp, el “Mirandazo” del Bernabéu y las otras tres finales de Copa arrebatadas al Madrid en su estadio. Por la descendente anterior, la tragedia de Bruselas, la de Lyon, la de Lisboa… y, sobre todo, los dos añitos en el infierno. Lo más llamativo es lo que ocurre en la circunfleja, todo un tobogán de emociones: sigue bajando el larguero de la portería de fondo norte como en la tanda de penaltis contra el PSV Eindhoven, sigue abriendo camino El Niño Torres con su gol en Barcelona, sigue Saúl sorteando bávaros de adopción para vengar al gran Luis y los otros héroes sin corona del 74… Todas sus ramas irrigan un rectángulo verde, se alargan hasta la capital de Lombardía y tienen combustible para tres semanas ampliable a ciento trece años más. Milán, 28 de mayo. “Porque luchan como hermanos defendiendo sus colores, con un juego noble y sano, derrochando coraje y corazón”. Es lo que tiene no dejar nunca de creer.