Domingo, 17 de diciembre de 2017

Deriva bochornosa

Si por un momento fuera posible adelantarse a los acontecimientos, me gustaría ejercer de futurólogo y presenciar in situ las primeras reacciones ante dos hipotéticos acontecimientos.

 Uno de ellos podría desarrollarse en el Congreso de los Estados Unidos. Invitado por algunos representantes  de uno de sus estados, aparece en la tribuna un ciudadano musulmán, declarado militante yihadista y antiguo miembro de Al Qaeda, que dice hablar en su condición de hombre de paz. Ya sé que, hoy por hoy, nunca llegaría hasta ese lugar, pero vamos a imaginar lo imposible. Con aspecto de inocente corderito, comienza su disertación, por supuesto, sin condenar para nada nada los sucesos de las Torres Gemelas. Entona un sentido panegírico ensalzando a esos valientes hermanos capaces de saltar por los aires para llevarse por delante miles de vidas del mundo hereje. De paso, solicita la excarcelación de los demás que sufren condena siendo unos pobres presos políticos recluidos por alguien que desconoce lo que es la verdadera libertad….. En el supuesto de que tuviera ocasión de completar su disertación, lo que nunca le esperaría sería una rueda de prensa.

La segunda fantasía podría desarrollarse en el Parlamento Europeo, dentro de unos pocos años, con otro personaje, también yihadista, invitado por alguna facción política de carácter izquierdista. El nuevo hombre de paz, perteneciente al grupo de activistas que intervinieron en los recientes atentados París y Bruselas, después de haber cumplido una efímera condena –a pesar de las evidencias, los jueces no encontraron pruebas suficientes-,  inicia su perorata entonando un canto de alabanza hacia los hermanos mártires que se inmolaron valientemente para desagraviar la constante persecución que sufre su torturado pueblo, y continuando con la cantinela de la depravación que reina en occidente, lo que les obliga a cortar por lo sano……  No sólo los parlamentarios franceses y belgas, todos a una se levantarían de sus asientos exigiendo su inmediata detención y condena por apología del terrorismo.

Efectivamente, son situaciones hoy por hoy inimaginables. Mejor dicho, eran inimaginables hasta el pasado día 19, con la presencia del antiguo miembro de ETA Arnaldo Otegui en el Parlamento Europeo, invitado por un extraño grupo de políticos abertzales y de otras formaciones que, sin tener “Rh vasco”, si lo tienen de odio a la lógica y la razón. Lo curioso es que, ante el revuelo que han levantado las “perlas” que ha desgranado el “apóstol de la Paz” –según ZP e Iglesias-, hay listillos que se ponen de perfil levantando la voz para decir que ellos no han participado en esa invitación, aunque no tienen inconveniente en añadir que sí aplauden su conducta, ni se dignan asistir, en esa misma cámara, a un minuto de silencio por las víctimas del terrorismo.

Una individuo que ha pertenecido a un grupo terrorista responsable de la muerte de más de 800 inocentes, que ha sido condenado precisamente por su pertenencia a esa organización, que ha sufrido otras condenas por apología del terrorismo , que se libró de otras más graves por razones que aún  o están claras, que no considera necesario condenar esas muertes, que dice luchar para acabar con una guerra en la que sólo existió un bando –el suyo-, que se considera a sí mismo y a sus compañeros de armas como preso político, no es digno de disfrutar de una tribuna reservada para causas más justas.

A fin de cuentas, la responsabilidad recae en quien ha permitido esa intervención. Basta seguir las redes sociales –y algún medio de comunicación parcial- para comprobar que existen “elementos esponja” dispuestos a absorber cualquier barbaridad, aunque vaya dirigida contra compañeros de escaño que vivieron en sus carnes los efectos de esa sinrazón. Que en el Parlamento Europeo tengan cabida partidos que no condenan el terrorismo, o la hacen con reparos, dice mucho de la calidad democrática que está resurgiendo en Europa. Una vez más, estamos asistiendo a la metamorfosis de personas que asumen como natural algo que el mundo civilizado condena sin paliativos. Y lo peor de todo es que esta  deriva bochornosa está adquiriendo más fuerza en España que en otros países de nuestro entorno.