Lunes, 18 de diciembre de 2017

La panacea de las comunicaciones (yIV)

La tercera línea fue Plasencia-Astorga o de la Vía de la Plata. Propuesta inicialmente en 1867, y más tarde en 1870 y 1882, no se subastó hasta junio de 1888 y llegó a Salamanca en 1896 para su inauguración. Lo retrasó la construcción del túnel bajo la ciudad de Béjar y, sobre todo, los problemas de financiación que llevaron a la compañía a suspensión de pagos en 1893. La nueva compañía adjudicataria también quebró porque la línea no era rentable, y el Estado terminó haciéndose cargo de ella en 1927.

El tramo de ferrocarril Salamanca-Ávila lo autorizaron en 1883, pero no empezaron las obras hasta 1888, cuando aceptó el encargo una empresa privada de capital británico; Madrid and Portugal direct Railway (Avila and Salamanca) Limited con ayuda financiera de las diputaciones de Ávila y Salamanca, y el concurso  del Círculo Agrario de Peñaranda. Aunque era un trayecto llano y sin complicaciones, llegó a Peñaranda en 1894, pero los problemas financieros hicieron que el Estado también se apropiara de los 39 Km. en 1908, los trabajos se reanudaron en 1916 y llegaron a Ávila en 1926.

En el año 1928 las 4 líneas que partían o llegaban a Salamanca las englobaron en la Compañía Nacional de Ferrocarriles del Oeste.

¿Justificaban la economía salmantina y su índice de población aquel despliegue ferroviario? Probablemente no, porque la presión demográfica era escasa y la precariedad de su economía no daba para más. Hoy reconocemos, con pesar, que aquellas locomotoras sirvieron para llevar a decenas de miles de emigrantes salmantinos que marcharon al continente americano en busca de fortuna.

A pesar de ello el ferrocarril tuvo efectos positivos para Salamanca: desarrolló el mercado interior; fomentó la especialización agraria; aumentó las comunicaciones (correo…); acercó la capital a los pueblos de la provincia; posibilitó la emigración de unos 100.000 salmantinos por su capacidad de transporte, frecuencia y bajos precios; favoreció la exportación de cereales, curtidos, carbón vegetal, ganado bovino y equino, lana y abonos minerales (Mirat); y facilitó la llegada a Salamanca de productos demandados como el aceite de oliva, vino, tejidos, harina, metales, cerdos…

¿Falta de comunicaciones o de espíritu emprendedor?