Sábado, 16 de diciembre de 2017

La panacea de las comunicaciones (III)

Nuestros bisabuelos pensaban que el ferrocarril traería el progreso a estas tierras. Estaban convencidos que la prosperidad vendría bufando en las locomotoras, por lo que todo les parecía poco, y el desarrollo ferroviario en capital y provincia se hizo en base a cuatro grandes tramos. Mas aquellas expectativas…

La idea inicial fue unir la capital del Tormes con Arévalo, para enlazarla con la línea Madrid-Irún, pero en 1860 la Diputación decidió, con el apoyo del Ayuntamiento que creó una comisión de la que formaba parte Práxedes Mateo Sagasta, que la primera línea férrea de Salamanca sería con Madrid a través del enlace Salamanca-Medina del Campo. Tuvo oposición porque importantes financieros y destacadas personalidades querían que fuese por Peñaranda y desde allí enlazar con la Vía del Norte. En 1862 la Junta Consultiva de Caminos aprobó la construcción de la línea Salamanca-Medina. En 1864 el Gobierno otorgó, sin subvenciones ni subastas, la concesión del ferrocarril Medina del Campo-Salamanca al francés Carlos Moreau. La Diputación aportó 6 millones de reales, los terrenos donde iría el ferrocarril y las estaciones. El Ayuntamiento contribuyó a la financiación con bienes de propios. Las obras se pararon y no se reanudaron hasta el año 1871, cuando las Cortes aprobaron una subvención del Estado de 60.000 pesetas por Km. Once años después llegó el tren a Cantalapiedra, y sería el 26 de agosto de 1877 cuando empezara a funcionar el tramo Cantalapiedra-El Pedroso-Salamanca. El rey Alfonso XII vino a inaugurarlo con solemnidad el 1 de septiembre, y la ciudad lo festejó con teatro y corridas de toros.

La línea de ferrocarril Salamanca-Portugal, conocido como El Ferrocarril de la Frontera, al ser con un país extranjero se consideró de carácter prioritario y el Estado contribuyó a su financiación. En un principio no se pusieron de acuerdo en cual sería el trazado hasta que acordaron que se bifurcaría en dos en La Fuente de San Esteban; un tramo iría hasta Ciudad Rodrigo y Fuentes de Oñoro y el otro por Ledesma, Vitigudino y Lumbrales, llegaría hasta La Fregeneda y Barca d`Alva. El proyecto lo hizo la Societé Financiére de París y cuando se subastaron las líneas en 1881 se las concedieron a esta sociedad francesa con una subvención de 12 millones de pesetas. Este ferrocarril llegó a Ciudad Rodrigo en 1884 y a Fuentes de Oñoro en 1886.

Las obras del ramal La Fuente-Lumbrales-La Fregeneda, fueron más complicadas por las dificultades orográficas, salva un desnivel que va desde los 460 metros en la estación de Valdenoguera hasta los 136 metros en Vega Terrón, y el encajonamiento del río Águeda que obligó a horadar 20 túneles en roca viva y a levantar 9 puentes. Las obras se inauguraron en 1883. Hubo numerosos accidentes de trabajo. El más grave en 1885 donde fallecieron 29 trabajadores ahogados en un túnel por la crecida del Águeda. También dificultaron los trabajos enfermedades como la epidemia de cólera en el verano de 1884 que obligó a parar los trabajos. En algunos tramos hubo más de 2000 trabajadores al mismo tiempo. En junio de 1887 se inauguró el tramo La Fuente de San Esteban-Lumbrales y en diciembre el tren llegó al puente internacional sobre el Águeda.

El cónsul español en Oporto, Ricardo Pinto, hijo predilecto de Salamanca, fue nombrado Conde de Lumbrales por su empeño y tesón en la terminación de esta línea.

¿Falta de comunicaciones o de espíritu emprendedor?