Jueves, 14 de diciembre de 2017

Ideología de género

El Papa Francisco, en el nº 56 de su recientemente publicada Exhortación Apostólica Postsinodal “Amoris Laetitia” sobre el Amor en la Familia, aborda el espinoso tema de la ideología de género. Confieso esto a fuer de sincero y de políticamente incorrecto. Y si, de paso, algún lector, decepcionado, abandona la lectura, algo de tiempo le habremos ahorrado. No citaré las palabras del Papa –están al alcance de cualquiera en internet y en las librerías especializadas-, salvo unas pocas: “No caigamos en el pecado – ¡otra incorrección política, nombrar el pecado, vamos hombre!- de pretender sustituir al Creador. Somos creaturas, no somos omnipotentes”.

La ideología de género se está abriendo paso en ambientes progresistas y ya ha obtenido algunas conquistas legislativas y va camino de condicionar las leyes educativas presentes y futuras. En determinadas actividades de Tiempo Libre se organizan talleres de ideología de género, so capa de defender la igualdad entre hombre y mujer, los derechos individuales y otros derechos reconocidos por todos. No son ajenos a ello los movimientos feministas ni el lobby gay que, como decían antiguamente los gallegos de las brujas, no creo que exista, pero andar, anda por ahí.

La ideología de género es un síntoma tardío de la Modernidad. Es importante caer en la cuenta de ello para aprovechar lo que de positivo tenga y evitar algunos de sus riesgos más evidentes. La Modernidad se esforzó en comprender el Mundo mediante la Razón autónoma y la Ciencia Moderna derivada de esta; después, en un segundo paso, se intentó –y se consiguió en gran medida- transformarlo a favor del hombre mediante las Ciencias Aplicadas y la Tecnología; por último, hemos intentado y me temo que seguimos intentando dominar al Mundo como si fuéramos sus propietarios.

Algunas ideologías políticas, llenas de prepotencia, que para eso son ideologías, se creyeron poseedoras de toda la verdad y nos han conducido, o han estado a punto de conducirnos al desastre. Y así, la Política Económica de la URSS llevó, entre otras consecuencias funestas, a convertir el Mar de Aral en un desierto inhóspito; el dogma cientificista profesado por las grandes potencias convirtió la llamada Guerra Fría en la Era del Miedo a que todos pudiéramos quedar reducidos a Hiroshima o Nagasaki; el mismo dogma cientificista y la soberbia política del comunismo soviético llegó a una de sus máximas contradicciones en el desastre de Chernóbil, del que acaban de cumplirse tres décadas.

Sospecho que, detrás de la ideología de género hay un proyecto político que pretende imponerse a base de propaganda porque hay cosas que no me cuadran: desconfiamos de los transgénicos y no sin razones, rechazamos el fracking aunque no el agua caliente que sale de su petróleo, exorcizamos y sometemos a inquisición política y social la energía nuclear para uso civil, ponemos barreras arancelarias para evitar el trasvase de patógenos de la fruta o del ganado; pero vemos los vientres de alquiler como un remedio útil, consideramos el aborto –perdón: interrupción? voluntaria del embarazo- como un derecho, aplaudimos que el género –distinto del sexo, aunque relacionado- no sea una cosa impuesta sino elegida y, en su caso, vuelta a elegir, como cambio de conciencia, como puro acto de la voluntad individual e individualista, que para eso es fruto de una conciencia moderna…mejor, postmoderna.

Los desastres ecológicos y humanos de los que estamos siendo testigos se han producido por no tener en cuenta la Naturaleza ni la complejidad de sus procesos, sus contradicciones, su desigualdad evidente entre especies y entre individuos de la misma especie. Es como si nos diera pereza profundizar en su lujuriante diversidad.

El dimorfismo sexual es una de las estrategias más eficaces para que la vida haya podido adaptarse al principio entropía y ralentizarlo y para mantener, precisamente, uno de los bienes más preciados de la Modernidad: la individualidad, la garantía de que cada individuo pluricelular y, a fortiori, cada ser humano, sea diferente al vecino, o vecina, para ser por una vez políticamente correcto, por más que mantenga una igualdad sustancial con ella/él y sea sujeto de la misma dignidad, que es la base de sus derechos individuales. Una de las razones del éxito de la Ciencia actual es su respeto a la complejidad, su esfuerzo continuo por no reducirse a una única perspectiva, su humildad consciente de que ningún descubrimiento, por importante que sea, agota la totalidad de lo real.

¿Explica la ideología de género la totalidad de lo humano? Si lo hiciera, bueno sería; si no, estaría desertizándose un nuevo mar de Aral, explotaría ante nuestros ojos un nuevo Chernóbil de lo humano. Y nosotros, mientras tanto, aplaudiendo…