Lunes, 18 de diciembre de 2017

Ayuntamiento

Se empeñan en ponerle luces de discoteca...

Todos somos ayuntamiento. Y también resultado de ayuntamiento. Cada ser humano procede del ayuntamiento carnal de otros dos humanos de distinto género. Luego todos los humanos que vivimos en una determinada jurisdicción nos ayuntamos (sin el sexo esta vez) para juntos resolver problemas comunes. Yo tengo que decir que a veces me siento ayuntado con alevosía (vulgo cuasi violado) por decisiones que no comparto y encima me dañan. Dañan mi vista y mi sentido estético.

                 La casa-fachada (por ejemplo) que representa esa coyunda feliz con todos los vecinos del municipio aparece frecuentemente iluminada con luces de colores que asemejan más un club de esos de carretera (de los de coyundas de sexo previo pago), que la casa común digna de todos. Y encima que esa nuestra casa está considerada como un importante monumento histórico a nivel mundial, válido per se. Pero se empeñan en ponerle luces de discoteca ante el menor evento que se conmemore. También suelen adornarla frecuentemente con banderas, banderolas y soflamas escritas que no son las comúnmente convenidas. Eso no me gusta un pelo.

                  Claro que este ayuntamiento nuestro no es (afortunadamente) como el de otros lugares, donde leo que ondean banderas directamente prohibidas o alegales, y por mor del capricho de unos cuantos ciudadanos que dicen representar a no sé quién. En esos municipios los dirigentes ayuntan por imposición (vulgo casi violan) a la mayoría de los ciudadanos que no concuerdan con eso. Y eso más que ayuntamiento pacífico y legítimo, es ayuntamiento obligado y forzoso. Y para asuntos de ese cariz tan ilegal no vale otra alternativa que muchísima paciencia y templanza, e ingente cantidad de vaselina por todos los orificios democráticos profanables. Por si acaso.