Lunes, 11 de diciembre de 2017

Distintas formas de mirar el agua

Éxito es tener la conciencia tranquila como consecuencia de la autosatisfacción derivada de saber que hiciste todo lo que pudiste para llegar a ser el mejor dentro de tus posibilidades”.

(John Wooden)

Qué difícil es visualizar mayo en agosto: divisar el esplendor primaveral en sus campos, el olor a dalias y rosas en los bulevares. Sin embargo, nosotros, los entrenadores, estamos obligados a hacerlo cuando nos planteamos objetivos, metas teleológicas a alcanzar a partir de una planificación nacida en el período estival que muchas veces no es más que una mera abstracción, un castillo en el aire tan necesario como inestable. Uno de esos objetivos ha de ser mantener una línea constante de trabajo y energía, algo complicado con los vaivenes de rendimiento que acusan los equipos y que los someten a fuertes tensiones. Un panorama de dos derrotas seguidas puede alterar los cimientos de cualquier equipo profesional o amateur siempre que se haya cometido el error de fiarlo todo a los resultados.

 

De ahí que resulte más emocionante aún, la rueda de prensa de despedida que Dave Joerger, entrenador de Memphis Grizzlies, dedicó a su plantilla tras ser barridos (4-0) por los San Antonio Spurs en la primera ronda de los Playoff. Lastrados por las lesiones de Mike Conley y Marc Gasol, los de Tennessee pelearon duramente por una plaza en las eliminatorias por el título a pesar de ser conscientes de lo breve que sería su periplo. Las lágrimas del entrenador ponen en valor la honradez y el compromiso de todos los miembros de la plantilla, especialmente de los más veteranos. Los Grizzlies finalizan la temporada con éxito, habiendo cumplido con creces los estándares de exigencia que deberían constituir, en este juicio arbitrario al que nos gusta sometemos, la verdadera medida de todas las cosas.

 

Otro baremo a tener en cuenta ha de ser social pues, aunque uno no sepa muy bien si la clave del buen funcionamiento de un grupo reside en quiénes son sus miembros o en la dinámica que lo gobierna, lo cierto es que este hecho termina siendo un elemento diferenciador en el rendimiento de los mismos. Si la pequeña comunidad que constituye un equipo termina el año más unida, con la aceptación (que no resignación) de los roles conseguida y los niveles de motivación colectiva por encima de donde comenzaron, también es de recibo hablar de éxito.

 

Ahora bien, por su salud –y la de quienes lo acompañan–, no saquen a colación la definición de éxito de John Wooden en una encendida tertulia de bar, entre paisanos que conciben el tute, el dominó y, por supuesto, el fútbol, como un asunto de vida o muerte en el que solo cabe ganar o perder. Resérvenla para cuando se sienten en agosto a planificar sus temporadas, o solamente si quieren ampliar la perspectiva desde la que observan el deporte y también la vida. Porque como reza el título de la última novela de Julio Llamazares, y aunque no lo crean, existen diferentes formas de mirar el agua.