Lunes, 18 de diciembre de 2017

Salinas al búlgaro de Boncheva

Alfredo Pérez Alencart deja conocer sus palabras preliminares para la antología de Pedro Salinas que en Bulgaria ha traducido la poeta Violeta Boncheva

Pedro Salinas

I. Desde su ciudad natal, Stara Zagora, me escribe Violeta Boncheva (buena amiga y excelente poeta), para informarme que acaba de cumplir con su meta autoimpuesta hace varios años: traducir una amplia antología de su admirado Pedro Salinas (Madrid, 1891-Boston, 1951). Y me envía el listado de los ochenta poemas que incluirá en esa Arca con los versos esenciales de un poeta que quiso que sus restos descansaran en Puerto Rico y mirando al océano Atlántico que baña el viejo San Juan. Por allí, por el cementerio de Santa María Magdalena de Pazzis, su tumba es cada vez más visitada.  Y su magna Poesía valorada más fuera que en su patria primera, salvo en círculos muy reducidos. En la América hispana se le lee con pasión, quizá por ser conocido como el Poeta del Amor. Y aunque no profundizaré en la alta calidad lírica de este máximo exponente de la Generación del 27, cómo no recordar libros tan memorables de su segunda etapa, ya de plena madurez poética: ‘La voz a ti debida’ (1933), Razón de amor (1935) y ‘Largo lamento’ (1939); además de este tríptico, hay preciosa cantera en los libros finales, los más inherentes al exilio: ‘El contemplado’ (1946), Todo más claro y otros poemas (1949) y ‘Confianza’ (publicado de forma póstuma, en 1955).

II.

Pero vayamos a Bulgaria y a su exquisita traductora, Violeta Boncheva. La reacción primera es de Felicidad, porque sé que los lectores búlgaros podrán leer una versión magnífica de los poemas de Pedro Salinas. No conozco el búlgaro pero sí he leído con emoción la propia poesía de Violeta, y ello me permite desterrar el conocido proverbio italiano: “Traduttore, traditore”. En otros casos, lamentables, podría ser válido este tópico del traductor que traiciona la obra original. Pero conociendo la excelencia poética de Violeta Boncheva, solo puedo decir que debemos estar felices que nos ‘traicione’ alguien como ella, pues el trasvase a su idioma muchas veces mejorará el original, porque al traducir se piensa y se siente otra vez, se recrea siguiendo el patrón original pero sin literalismos que, por lo general, encorsetan.

III.

Y para conocer el propio pensamiento poético de Violeta, me permito transcribir un fragmento de la entrevista que en junio de 2003 le hiciera el escritor venezolano Enrique Viloria, publicada en la revista digital ‘Crear en Salamanca’: “Todo poeta responsable sabe que la creación es algo trascendente. Lo más importante es lograr plasmar toda la pasiόn que se tiene, todo el afecto que llevas dentro, y mostrarlo a través de versos sinceros, que suenen como una oraciόn o como una  campana de alerta. En definitiva, creo que mi poesía busca empatizar con mis semejantes, darles unos instantes de gozo y sosiego. No digo nada más sobre ella, salvo mencionar que por ella he tenido generosas críticas de especialistas destacados como los profesores Igov, Yanev… También de Shumelov y del propio Rumen Stoyanov, el gran traductor del español y portugués en Bulgaria, firmante de la versión  búlgara de ‘Cien años de soledad’, entre otras muchas. Además de mi propia poesía, creo que las traducciones que hago también deber ser consideradas como un aporte interesante. Y aquí debo citar la poesía del magnífico Pedro Salinas, que vengo traduciendo…”.

 

IV.

Y aquí tengo que confesar que algo de ‘culpa’ tengo en esta historia, pues hace cuatro años Violeta Boncheva me pidió que le comprara una buena antología de Pedro Salinas. Lo que hice fue regalarle la que yo tenía en casa, una segunda edición de ‘Poemas escogidos’, prologada y dispuesta por Jorge Guillén (Austral, Buenos Aires, 1953). 

Traducir poesía es recrear, vivificando –desde el sentir y el pensar- aquellos versos que ‘pidieron’ ser leídos y escuchados en otra lengua distinta a la de su nacimiento primero. La traducción poética, cuando el traductor es un poeta que entiende la sacralidad de la palabra, casi siempre resulta una obra de arte, una auténtica joya literaria.

Este es el caso de los poemas de Salinas que Boncheva acaba de trasvasar al búlgaro.

¡Enhorabuena!