Sábado, 16 de diciembre de 2017

Si se abolió la esclavitud, ¿por qué seguimos hablando de ella?

Hoy, 16 de abril, se celebra el Día mundial contra la esclavitud infantil. Tal celebración se remonta al año 1995 cuando fue asesinado Iqbal Masih, un niño de 12 años. Por Jacqueline Alencar

Iqbal había sido cedido a la edad de cuatro años a una fábrica de alfombras en Punjab (Pakistán), a cambio de un préstamo para que su padre pudiera pagar la boda del hijo mayor. Trabajaba doce horas al día y por ello le pagaban una rupia diaria, de la cual le iban descontando parte del préstamo. No obstante, la deuda no menguaba; más bien aumentaba a causa de los exorbitantes intereses y los nuevos préstamos realizados por su padre. Después de cinco años de trabajos forzados conoció a Ehsan Khan, un luchador contra el trabajo esclavo, creador del Bhatta Mazdoor Mahaz (Frente de los trabajadores de ladrillos), quien se convirtió en su mentor en cuanto a adquirir la valentía para denunciar la explotación de muchos niños tejedores de alfombras. A partir del año 1993 se convierte en un activista en pro de los niños que trabajaban en condiciones de esclavitud y su voz empezó a ser oída por organizaciones humanitarias que constataron que el gobierno pakistaní no cumplía con lo firmado en la Convención contra el trabajo infantil. El trabajo infantil y el trabajo por deudas se continuaban practicando. Iqbal se convirtió en una amenaza para los intereses de los explotadores.

En 1994 Iqbal  ganó el "Premio Reebok a la juventud en acción", creado para reconocer las actividades en favor de la infancia. El 16 de abril de 1995 fue asesinado de un tiro. Había recibido amenazas pero rechazó una escolta policial y el trasladarse a lugares más seguros. Se quedó con los suyos. Dio su vida. A título póstumo, en el año 2000 se le concedió el "Premio de los Niños del Mundo".

Pero a pesar de la intensa labor de tantas personas y organizaciones, continuamos hablando de la esclavitud a pesar de ésta haber sido abolida en el siglo XIX. Aproximadamente unos 400 millones de menores en todo el mundo son esclavos, de los cuales 168 millones trabajan y 85 millones de ellos lo hacen en condiciones peligrosas. Según diversas organizaciones "algunas formas de servidumbre apenas se diferencian de la esclavitud de hace 200 años, excepto en el hecho de que los mercados de niños esclavos funcionan de una manera más oculta".

UNICEF afirma que "la violencia, la explotación y el abuso frecuentemente están a cargo de personas que el niño  conoce, incluyendo los padres y madres, otros familiares, cuidadores, maestros, autoridades policiales, agentes estatales y no estatales, y otros niños". Por otro lado, Save The Children señala: "La trata, el trabajo forzoso por endeudamiento, la explotación sexual con fines comerciales, el trabajo en la mina y en la agricultura, el reclutamiento armado, el matrimonio forzoso y la esclavitud doméstica constituyen las ochos formas de esclavitud infantil".

Asimismo, desde esta organización se informa que  "España es país de destino y tránsito de niños víctimas de la trata ilegal. Provienen primordialmente de Rumania, Rusia, Brasil, Colombia, Nigeria, Ecuador, Guinea, Sierra Leona, Bulgaria, y Ucrania. España actúa como punto de tránsito para otros destinos como Alemania, Francia y Portugal, y es, en menor medida, destino de niños y niñas obligados a realizar trabajos forzosos principalmente en la agricultura, la construcción y labores domésticas. En España existen, además, menores explotados sexualmente, principalmente niñas entre 17 y 18 años que son introducidas en el país de forma ilegal por mafias organizadas".

Es lamentable que niños y adolescentes carezcan de los derechos más elementales. Que haya millones de niños que trabajan para pagar las deudas familiares, para aumentar los exiguos recursos de casa... Según la OIT, todavía 168 millones de niños trabajan.

Hace muy poco miles de niños deambulaban solos o acompañados de sus padres intentando cruzar las fronteras de Hungría para llegar a la rica Alemania. Mientras otros se ahogaban en aguas frías del mar. Y también asistimos al rechazo al que se vieron expuestos en muchos momentos por los países que han firmado acuerdos para acabar contra la explotación infantil; contra tantas cosas, pero que se olvidan porque ellos no son rentables, no votan, no son dueños de multinacionales, no son dueños de la Banca, de los Paraísos fiscales... Hemos podido leer noticias como ésta: "La Oficina Europea de Policía (Europol) estima, según sus previsiones más conservadoras, que al menos 10.000 niños refugiados han desaparecido nada más llegar a Europa. Algunos de ellos han acabado con familiares sin conocimiento de las autoridades, pero otros se encuentran en manos de organizaciones de tráfico de personas, según los oficiales europeos".

Es necesario que se presionen a los países para que elaboren una legislación efectiva contra la explotación sexual de menores con fines comerciales, por ejemplo. Que se organicen campañas de prevención así como programas de apoyo a los niños que son víctima de abusos sexuales, trata de menores, explotación laboral... Que sus vidas puedan ser restauradas, que se les devuelva la dignidad que les ha sido otorgada por Dios. Instar a que los gobiernos establezcan medidas para prevenir la utilización de niños como soldados y evitar que las niñas sean forzadas a contraer matrimonio. Evitar que los niños trabajadores abandonen sus actividades escolares.

Es necesario continuar con la lucha para erradicar la pobreza. Que los niños sean una prioridad en los planes y proyectos de desarrollo. Para que tengan acceso a una educación de calidad. Que se dé apoyo  a las familias para que ellos no sean los responsables de llevar el sustento  a sus hogares y puedan ir a la escuela, puedan llevar la vida normal de un niño. Que los gobiernos apoyen medidas de comercio justo.

[...] La lista sería interminable. Hay mucho por hacer. Sólo queda perseverar y no mirar hacia otro lado. Y llevar a la práctica lo que se nos dice en Proverbios, uno de los libros de la Biblia:

 "¡Levanta la voz por los que no tienen voz!
¡Defiende los derechos de los desposeídos!
¡Levanta la voz, y hazles justicia!
¡Defiende a los pobres y necesitados!" (Proverbios 31.8-9)

El mismísimo Jesús puso a los más pequeños como ejemplo y les concedió un valor que huye de nuestro entendimiento.   

Jacqueline Alencar