Domingo, 17 de diciembre de 2017

El aviario de Miguel Elías

El colaborador de SALAMANCArtv AL DÍA escribe sobre las pinturas de Miguel Elías que se exponen en la Diputación de Salamanca, junto a obras de Florencio Maíllo y poemas de Emilio Melero 

Un aviario no es lo mismo que una pajarera, ésta es una jaula cerrada, especie de cárcel que impide vuelos y libertades; el aviario, por su parte es un espacio grande, libertario, concebido para el disfrute tanto de las aves como del público. El artista plástico Miguel Elías así lo entiende y explicita en una singular exposición que transforma – por obra del arte – un espacio de la Diputación Provincial de Salamanca en un aviario policrómico que suscita emociones y sorpresas.

Las aves del artista – por naturaleza libres e insubordinadas – se regocijan a sus anchas en papeles que fungen de blanco y apacible cielo, sobre los que trinan, vuelan, aletean y hasta dejan caer sus plumas al voleo, a fin de que no quede duda acerca del viento del Este que -  inexistente, pero presentido - las lleva de árboles, colinas, altozanos yoteros a una sala magnificente donde muestran – orgullosos y consentidos - todo su esplendor.

Miguel Elías – con denuedo de ornitólogo plástico – pinta, dibuja, un personal catálogo de las aves salmantinas de su preferencia y emoción, sin distingo ni segregación de especie, todas conviven en el aviario del artista: acuáticas, esteparias y rapaces con su aletada avivan la obra del artista.

El pintor reivindica por igual a la lechuza nocturna y al acecho, al halcón indómito que sólo acepta ser amaestrado por el pincel del artista, a la golondrinamelosa, al búho sabio y ancestral, al grajo terco e impertinente, a la cigüeña idiosincrásica, a la codorniz apetitosa, al faisán que amerita pudrición,a la grulla en permanente equilibrio.

Nueva estación de la ruta ornitológica salamantina que se añade a los senderos y miradores a cielo abierto, el aviario de Miguel Elías no requiere de prismáticos ni binoculares, el simple ojo del emocionado espectador es suficiente para disfrutar de esta exposición a tres manos que reconcilia al hombre con sus adentros y sus afueras.

Enrique Viloria

Reportaje fotográfico de Jacqueline Alencar