Lunes, 18 de diciembre de 2017

Abril, flor de la vida

1/abril/viernes

 

    Inicio el mes con Carlos Cano, el gran cantante andaluz que nos dejó hace tiempo. Su album, “Luna de abril” es una maravilla emocionante, música y letra:

 

Abril para vivir,/ abril para cantar,/

abril flor de la vida,/el corazón./

abril para sentir,/abril para soñar,/

abril la primavera amaneció./

La luna fue en abril/en abril fue el amor,/

que un día entre las rosas/despertó/

toda la soledad/de flores se lleno/

dejando por el aire/esta canción./

Como una golondrina/ por el mar se perdió/

Como una golondrina/ el amor se llevó,/

y me dejó el dolor/ para cantar

y la luna de abril/para olvidar./

Aquel lucero azul/

de tu boca la flor/se levantó/

con el amanecer./

Donde se muere el mar/

de mis ojos/te amé/

y a tu cuerpo de alondra te abracé…

 

       Voy con Isidro Navas a Medina de Rioseco, la capital de Tierra de Campos, la ciudad de los Almirantes. Una población llena de sorpresas grandiosas en medio de una estepa cerealista, levemente ondulada, de suaves oteros y un cielo altísimo. La atraviesa por sus pies el río Sequillo, escuálido de aguas y abundante en juncos y espadañas, que muy pronto, a unos quince kilómetros, entrega sus aguas, entre Cañizo y Castronuevo de los Arcos, en el río Valderaduey, ya en la provincia de Zamora.

          Medina de Rioseco es una ciudad de Valladolid cargada de historia y patrimonio. Alberga templos de una factura sorprendente. Santa María de Mediavilla es la joya suprema. Una iglesia de corte gótico isabelino del siglo XVI, con una torre barroca del arquitecto riosecano Pedro de Sierra. La iglesia tiene una planta de espíritu renacentista y respira aires de catedral por su traza y por su retablo mayor, de tres autores de primera línea: Gaspar Becerra, Juan de Juni y Esteban Jordán. El dorado y las pinturas son de Juan de Oña. En su seno está la “Capilla de los Benavente”, calificada como la “Capilla Sixtina de Castilla” por el escritor y filósofo catalán Eugenio D`Ors. Santa María es el mayor orgullo de los riosecanos, siendo renombrada con frecuencia como la catedral de Tierra de Campos.

   Pero los demás templos son también de gran esbeltez y singularidad, como la iglesia de Santiago Apóstol, el complejo conventual  de San Francisco y la iglesia de Santa Cruz, que contiene el museo de los pasos de la Semana Santa de la ciudad. Todos estos monumentos levantan la admiración del visitante, por sorpresa tan impensada para quienes la ven por primera vez, y por la imagen siempre excepcional para los que ya la conocen. Rioseco es mucho y fue más aún, pues no podemos olvidar que en el siglo XVI era una de las ciudades con más población de la Península Ibérica.

   Por supuesto, tiene muchos más monumentos de admiración. Quiero resaltar la Puerta de Ajújar, del siglo XII, la Puerta de Zamora, del XVI y la Puerta de San Sebastián, también del XVI.  Y por si fuera poco en Rioseco está la ensenada mayor de todo el Canal de Castilla, la obra de ingeniería civil más sobresaliente del siglo XVIII en España y en Europa, idea del Marqués de la Ensenada. Ahora el canal lo surca el barco Antonio de Ulloa para goce y disfrute de vecinos y forasteros. En sus aledaños se construyeron grandes almacenes para el trigo y otros cereales y una fábrica de harinas, restaurada ahora para la visita de los turistas, cuyo cuerpo es de enorme belleza y tamaño. Tiene por nombre San Antonio y es un ejemplo del pasado industrial de la zona. Dentro encierra maderas y tolvas de gran valor, fruto de una época dorada en que floreció en esta zona la rica burguesía harinera.

   La Semana Santa de Rioseco es una de las grandes de España. Calificada como de Interés Turístico Internacional, representa el mayor orgullo de los riosecanos. Durante la Semana de Pasión sus habitantes se entregan de tal forma, con tanta intensidad y emoción, que de algo más de 5000 habitantes cerca de 3500 son cofrades. Sus pasos, de gran valor artístico y religioso, ponen la lágrima en los ojos de todo aquel que participa, desde dentro o desde fuera, en este acontecimiento único donde se mezclan las creencias, la historia, la tradición, el arte, la costumbre y la vida cotidiana del comer, del beber y del sentir. Un mundo, en definitiva, lleno de sensibilidad espiritual y corporal, que no tiene porque estar reñido el cuerpo con el alma.

   La Rúa Mayor de Medina de Rioseco es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura de Tierra de Campos. Soportales a ambos lados de la calle; columnas de madera y piedra sostienen  edificios y techos que sirven para el paseo en los duros inviernos de frío y lluvia, dándole a la ciudad un aspecto de entrañable originalidad y elegancia castellana. La más genuina y propia de estas tierras de pan llevar. Por eso el casco viejo de Rioseco, como así llaman a su ciudad sus propios hijos y vecinos, está declarado Conjunto Histórico Artístico.

   No es extraño que todo el que llega a Rioseco por primera vez se quede maravillado, y todo el que regrese vuelva a tener la sensación de estar en un marco único, de arte sublime y vida cercana. Sus bares y restaurantes son el mejor ejemplo de la cocina terracampina: sabores tradicionales, contundentes, precisos; platos de una tierra rica en pan, en lechazo, en caza de temporada, en chacinas, en vino y aceite. Sí, hasta aceite de primerísima calidad se elabora desde hace varios años aquí, procedente de olivos plantados en estos pagos. La confitería y pastelería, por supuesto, atesora lo mejor de los sabores medievales, mejorados a lo largo de los siglos por las abuelas de la tierra y las monjas de los conventos que aquí quisieron entregar su vida a Dios. Destacan de forma muy especial los abisinios de la cafetería Cubero y los pasteles de Marina. Dos iconos del sabor dulce.

   Rioseco siempre tuvo espíritu de horizonte, o quizás más: siempre fue el horizonte mismo, emanado de sus entrañas, pegadas a su historia, a sus gentes, laboriosas, a sus agricultores y ganaderos, a sus industriales, desde los harineros a los de fundición, desde los fabricantes de maquinaria para trabajar el campo como los transformadores de coloniales, o sus comerciantes, de vocación comarcal, provincial e, incluso, nacional.

    De niño yo iba con mi padre y mis hermanos a Rioseco, a la feria de maquinaria, donde se podían ver las últimas novedades en todo tipo de aperos – arados, cultivadores, “sinfines”, aventadoras, gavilladotas, sembradoras -, remolques y tractores, incorporados a la vida moderna gracias al desarrollo surgido en la década de los sesenta del siglo pasado. Tradición y oficio que en buena parte, de forma muy profesional, mantiene la familia Brezmes. Los tiempos cambian, pero siempre queda un rescoldo, y algo más, donde hubo fuego.     

    Rioseco era un lugar de cita obligatoria para los vallisoletanos, pero también para zamoranos, leoneses y palentinos. Por estos, y muchos más motivos, Rioseco fue, y sigue siendo, punto de encuentro, lugar de abrazo y amistad, cruce caminos, entre ellos el de Santiago.

   Ahora el presidente de la Cámara de Comercio de Valladolid es un empresario de alma y entrañas riosecanas. Todo el pueblo, sin faltar una sola persona, de los que yo ví al caminar por la calle junto a él, por la Rúa Mayor, le felicitó. A Víctor Caramanzana, el día después de su nombramiento le entrevistaron en el histórico diario “El Norte de Castilla”. Era una figura mediática. Y yo quise estar con él porque a veces la noticia pasa por lugares donde se mezcla la realidad urbana con el medio rural, la burguesía comercial con la industrial, el pan con el vino y la sal con los mejores sabores. Y no me lo podía peder, claro.  

   A Víctor Caramanzana le quieren sus paisanos, sus convecinos. Y los empresarios de Valladolid. Por algo será.

 

2/abril/sábado

 

     Veo con Rodrigo un clásico de fútbol: Barcelona-Madrid. Entusiasmo y emoción en el Camp Nou. Homenaje a Johan Cruyff. Aplauso largo e intenso de todos los espectadores. Incluido el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, en el palco junto a todos los expresidentes del club blaugrana.

      Un gran Barcelona domina al Madrid en los primeros minutos. Después poco a poco todo fue cambiando y el equipo blanco gana 1-2. La Liga casi es propiedad del Barcelona, pero la victoria del Madrid le supone una inyección de moral ante futuros compromisos.

      Un partido de fútbol entre el Barcelona y el Madrid siempre es más que un partido de fútbol. Jordi Pujol, el expresidentes catalán, incurso en graves asuntos de corrupción, decía que la identidad de Cataluña se asentaba en tres pilares: el idioma catalán, Montserrat y el Barça. Era la enciclopedia nacionalista que ahora ha heredado el independentismo. Cuando el Barça gana, los que quieren separarse de España después de 500 años juntos, lo consideran mucho más que un referendum, ese que piden de forma incesante algunos, olvidando que la Constitución de 1978, que los propios catalanes votaron, no lo permite.

     Un entrenador del Madrid, ya fallecido, Vujadin Boskov, hizo famosa una frase: “fútbol es fútbol”. Pues no; en Cataluña, con el Barça por medio, el fútbol es mucho más, tiene intensas connotaciones políticas. Los aficionados no se sienten orgullosos sólo de los colores azul y grana, si no también de los rojos y amarillos de la “senyera”, la bandera de Cataluña. El Camp Nou hace tiempo que se convirtió en un “manifestódromo” independentista.

     Por eso y muchas cosas más el partido fue un caldero de agua fría en el cuerpo de los culés. Los blancos, más lejos de específicos vínculos políticos, se sintieron realizados porque ganar al Barça en su casa sólo lo consiguen una vez por década, como mucho.

    El blanco del Real Madrid, de todas formas, en su día también tuvo importantes connotaciones políticas. Se le asoció al franquismo, era el “equipo de Franco”, e incluso ahora sigue habiendo voces que siguen relacionándolo con aquella época. Pero hay hechos que yo nunca he entendido. ¿Por qué el Real Madrid ganaba Copas de Europa, por la ayuda de Franco? ¡Pero si Franco era odiado en el Viejo Continente! La Europa democrática nunca quiso a la España franquista, como era lógico. Luego poco pudo ayudarle. Sencillamente logró formar un equipo extraordinario con futbolistas como Di Stéfano, Puskas, Gento, Amancio o Pirri.

    La salsa del fútbol en España se fragua en buena parte en estos Barça-Madrid, Madrid-Barça. Sin esos enfrentamientos la Liga no sería igual, nada se parecería, todo sería mucho más soso. Ahora el Barça lleva un tiempo por encima del Madrid, y los títulos nacionales y europeos lo demuestran, pero algún día cambiarán las tornas. Es ley de vida, porque nada es eterno y Messi, ese fenómeno del fútbol mundial, muy por encima de Ronaldo, no nace todos los días.

   Por eso la historia futbolística Barça-Madrid, Madrid-Barça, seguirá su curso, digan lo que quieran decir independentistas irredentos y gentes nacionalistas que  están en contra de esta España que ahora está lejos de Franco y es absolutamente democrática. El centralismo que, por otra parte, se le achaca al Madrid tampoco tiene sentido porque cada lugar, cada Comunidad Autónoma, o cada ciudad, tiene sus filias y cariños. Ahora al Madrid le pitan hasta en el Santiago Bernabeu. Sólo le salva su fútbol, cuando es bueno.

   Y es que, al final, la clave está si la pelota entra o no. Por eso el curso del futuro lo marcarán futbolistas como Cruyff.

 

   3/abril/domingo

 

    Día lluvioso, típico del “abril, aguas mil”. Desapacible, que dicen los hombres y las mujeres del tiempo en los medios de comunicación. Extraordinario para el campo, de un verde intenso, ese verde que promete gran cosecha.

     Voy con la familia hasta Valdestillas, a 15 minutos de Valladolid. A un restaurante con cocina que emociona. “Teodoro” es su nombre. Directo y sencillo, nada de inglés. Un local regentado por una familia encantadora y profesional  como pocas. Coquetas caseras, pencas rebozadas, caracoles en salsa y lechazo churro de Sacramenia. Todo regado con un verdejo “Cuarenta vendimias” de la bodega Cuatro Rayas y un Ribera del Duero “Anguix”. Celebramos dos cumpleaños, el de Violeta y el de Rodrigo, que nacieron en estos días iniciales de primavera. Antes dejamos a los lados el Pinar de Antequera, el pulmón de una ciudad que termina en Puente Duero, junto al río, que aquí llega cansado después de tantos kilómetros desde los Picos de Urbión. Por eso busca al Pisuerga, que le espera a pocos kilómetros para llenarle la andorga.“El Duero lleva la fama y el Pisuerga el agua”.

    Enfilamos la carretera hacia el noreste, con cierta lentitud, no sea que se atraviese algún corzo que por aquí abundan. Vemos a nuestra derecha el río Cega, que viene cargado, y con tanto ímpetu, que parece un río de montaña. Otra pequeña ayuda para el Duero. Atravesamos un puente nuevo, pegado al viejo de aire medieval pero de no tanta historia, y nos adentramos en el pueblo, típico de la zona. Tranquilo, rodeado de pinos piñoneros, olor a resina y a tamuja, aunque hoy la lluvia elimine toda sensación.

    Sensación que guardamos para estar atentos al plato y a las tajadas, las que nos pone por delante Teodoro; rodeado todo de copas de vinos, que forman un abrazo de amor y cariño al festín general. Las felicidades, las enhorabuenas por los años cumplidos, los regalos y los postres completan la reunión.

    Hay días que no importa el sol o la lluvia, lo que vale es vivir. Y querer.

    

         7/abril/jueves    

 

   “Los papeles de Panamá” escupen cada día más nombres de personas que tenían en este país dinero opaco, como la hermana de Don Juan Carlos I, Doña Pilar,  dos bisnietos de Franco, el cineasta Almodóvar, el actor Imanol Arias, Oleguer Pujol, el presidente argentino, Mauricio Macri y un sinfín de altos mandatarios. La lista parece interminable.

     Un canal de televisión emite unas antiguas declaraciones de Imanol Arias sobre Hacienda y el pago de impuestos. El actor llega a decir que en ese asunto “hay mucho cinismo”. ¿ Por quién lo decía?

      Uno ya no se extraña de nada.  

 

       Preparo la maleta para viajar a Cartagena, con escala en Murcia. A las 7.15 de mañana un tren Alvia me llevará a Madrid. Acompaño a Violeta que va a la Asamblea General de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España. Después de muchos años, no recuerdo cuántos, volveré a la tierra donde viví dos años, desde 1982 a 1984. Tengo ganas de llegar y pasar por las calles de Murcia, una ciudad alegre, simpática y amable. La tengo siempre en el corazón. Allí me incorporé un 20 de junio al Centro Regional de TVE. Yo tenía 29 años y era joven e indocumentado, como dijera García Márquez de sus tiempos jóvenes.

    El 12 de junio de 1982 se inauguró en Barcelona el Mundial de Fútbol, el de Naranjito. Estuve acreditado para aquel día en que se enfrentaron Holanda y Argentina, que empataron a cero. Fue un día colorido y lleno de calor futbolístico. Yo trabajaba en el periódico deportivo “Dicen”, que entonces distribuía 180.000 ejemplares con poco texto y grandes fotografías en papel sepia. La dirección del periódico me acreditó para hacer una “crónica de ambiente”. Y así lo hice.

      Al día siguiente me llegó un telegrama de TVE. Me decía que había aprobado las oposiciones a las que me había presentado. Tres exámenes a lo largo de tres meses. 850 personas para 5 plazas libres. Todavía no sé cómo lo conseguí, pero fui uno de los cinco. Me enviaron al centro de Murcia. Sabía dónde estaba ubicada esa ciudad y comunidad autónoma en el mapa, pero nada más. El telegrama decía también que debía incorporarme el día 20 de junio. Se lo dije a mis jefes del “Dicen” y me desconecté del Mundial. El día 19 de junio me fui en mi coche, un Ford Fiesta de color granate, a Murcia. Fue un viaje terrible. Mi coche no tenía aire acondicionado, como casi todos los coches de esa época, y el calor a lo largo del recorrido, por la carretera del Mediterráneo, fue sofocante, húmedo, peor que ir a segar con hoz en Cañizo a mitad de julio. Si cerraba las ventanas me asfixiaba, y si las abría me quemaba.

    Pero llegué. En Murcia paré en el primer sitio que encontré. Bajé del coche y sentí ahogarme. Tenía que respirar como los gorriones cuando de niño los atrapábamos en las pajareras: jadeando, abriendo mucho la boca, como queriendo comer el aire. Pregunté donde estaba el centro de TVE y allí fui. Un propio, que después resultó ser el jefe técnico, me abrió. Me indicó un hotel cercano y allí me encaminé. Se llamaba, y se llama, Hotel Churra. Nombre raro. No era de lujo, pero estaba limpio y tenía un restaurante luminoso.

   No pude dormir en toda la noche porque el calor era insoportable y la habitación no tenía aire acondicionado. Me duché unas diez veces. Pero ni por esas dejaba de sudar. Al día siguiente, a las nueve, sin dormir, me incorporé al centro de TVE. Ese día empecé una historia de 20 años en el medio público, el de mayor importancia de la época. En la redacción leí los periódicos. “La Verdad de Murcia”, el primero de la región, titulaba: “Ayer Murcia alcanzó los 46 grados”. Entendí entonces que mi sofocón no era gratuito.

    Murcia es tierra caliente, muy caliente, del sur, de sol interior, a más de cuarenta kilómetros del mar. Durante dos años las altas temperaturas me persiguieron en esta tierra, incluso en Navidad, cuando el termómetro marcaba en la calle los 22 grados.

     Pero fueron dos años extraordinarios. Ahora vuelvo. Sólo una vez más desde 1984 había regresado para recordar y recorrer la calle Platería y la Gran Vía, para ver su catedral o el artesonado de su casino. Y comer en el Rincón de Pepe o en el Hispano.      

   En Murcia, sin duda, es uno de los lugares que mejor se come de España. La huerta murciana es única, riquísima, generosa, igual que sus gentes, maravillosas, entregadas con el vecino, dispuestas siempre a agradar. En Murcia lo primero que sientes en que sus habitantes necesitan ser queridos. Buscan el cariño de la misma manera que te lo ofrecen. Fueron dos años que marcaron mi vida. Presenté durante mucho tiempo el informativo regional, el “Telemurcia”. El ser una cara conocida me ayudó a integrarme con facilidad. Todo el mundo me saludaba, todos me facilitaron de la vida. En Murcia me reencontré con el sentido humano de las cosas, con el vivir confiado y el hacer desde la amistad y el cariño. Murcia.  

     Leo en “Voz Populi” un informe del Instituto Universitario Europeo, cofinanciado por la Unión Europea, sobre la situación de los medios de comunicación en España. El informe denuncia varias realidades: falta de pluralidad, poca transparencia en el reparto de la publicidad institucional, concentración de empresas, carencia de veracidad y falta de independencia.

   De acuerdo en todo. Pero eso siempre ha pasado. El problema ahora viene acentuado por la crisis, que ha multiplicado los problemas económicos de los medios. Esto ha supuesto un entreguismo obligado para subsistir. Triste por vergonzante. Los gobiernos  de turno, que son los que manejan la publicidad institucional, lo hacen a su antojo, sin tener en cuenta ni siquiera algo tan elemental como la cuota de audiencia, distribución o venta.

     Supongo que este tema, tan importante, será abordado por la Asamblea General de la Federación de Asociaciones de Prensa de España en Cartagena. Lo supongo, aunque la cosa es tan grave, tan decepcionante la situación, que ya no deben quedar ni ganas de protestar. No lo hace ni el periodista afectado, que aunque malpagado y maltratado, no se atreve a levantar la voz no sea que la empresa le expulse del trabajo. Y nadie está obligado a ser un héroe. “Sin periodismo no hay democracia”, se dice. ¿Pero eso, de verdad, les importa a los políticos que lo único que quieren es que se hable bien de ellos, que no se critique sus políticas fallidas y que los periodistas seamos borregos pegados a sus intereses y a los de su partido?

      Mentira, todo es una mentira.